Ola de violencia

Seis menores han dado una paliza a un mendigo en Ayamonte. El mendigo no hacía otra cosa que mendigar y dormir en un cajero automático. No era la primera vez que sufría una agresión, pero ahora la paliza ha saltado a los medios de comunicación. Al igual que los otros jóvenes de Barcelona que mataron a una indigente, los menores de Ayamonte no eran seres desarraigados, procedentes de familias desestructuradas; más bien al contrario. Sus familias eran familias “bien”, y eso, claro preocupa más a nuestra sociedad bienpensante, incapaz de justificar tales hechos. Cuando los agresores están inmersos en el mundo de la delincuencia o la marginación, nuestra conciencia se queda más tranquila. En casos como éste, tratamos de buscar causas que arrojen luz sobre ese comportamiento brutal. Y no se hallan, a no ser que tengan que ver con la ola de violencia gratuita hacia los más débiles que hemos fomentado, con videojuegos, series, programas de televisión donde el que más grita e insulta se lleva el gato al agua, con nuestra permisividad, con nuestros políticos que llenan de insultos los informativos. La distopía de “La naranja mecánica” de Kubrich se empieza a hacer realidad, y si no ponemos límites, luego será difícil pararla.

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Dimas Haba

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