Orcasitas y la lección francesa.

El pasado 4 de enero terminó el estado de emergencia en Francia, decretado el 8 de noviembre de 2005 para atajar la violencia desatada en los barrios deprimidos de las ciudades francesas. Analistas, sociólogos y politólogos de guardia, periodistas, arquitectos, profesores, gente corriente,… todo el mundo ha dado una explicación sobre este fenómeno. Explicaciones más o menos acertadas, más o menos interesadas. Porque se ha dicho de todo: la influencia del Islam, la falta de perspectivas, la quiebra del modelo republicano, fracaso escolar, que los revoltosos son la encarnación de la ideología neoliberal más radical,…

Ya no es noticia la revuelta en los suburbios. La ley se ha impuesto. Mejor dicho, la policía ha impuesto un supuesto orden a golpe de material antidisturbio. Ahora la calle la ocupan otros jóvenes, estudiantes de secundaria o universitarios, trabajadores o parados. Utilizan otros métodos, más inteligentes y más legítimos bajo mi punto de vista: la huelga y la manifestación. ¿Por qué protestan? Por una ley laboral que permite el despido libre para los menores de 26 años durante los dos primeros años de contrato. He oído decir a un sesudo economista que esta ley es buena, porque facilitará la incorporación al mercado laboral de los jóvenes que durante noviembre quemaban coches. Lo cierto es que no acabo de entender cómo se fomenta el empleo facilitando el despido. Miento, sí lo entiendo y me aterra.

Viendo imágenes de la revuelta, sentí que esos barrios no me eran ajenos del todo. Y paseando por Orcasitas, un barrio periférico de Madrid, constaté muchas similitudes con los barrios franceses:

Separación entre el espacio residencial y el de trabajo y ocio. A las siete de la mañana de un lunes el autobús 6 de la EMT se llena de gente que va a trabajar al centro. A las siete de la tarde de un sábado, se llena de chicas y chicos que van a divertirse al mismo centro.

La falta de transporte público.

El chabolismo vertical.

Unas áreas verdes deterioradas. Es cierto que el parque del Pradolongo (la cuarta zona verde en extensión de Madrid) colinda con Orcasitas. Y no es menos cierto que si no se ha vallado ya, ha sido por la presión vecinal. Y tampoco es menos cierto que el Ayuntamiento ha abandonado las zonas verdes interiores de Orcasitas.

Un alto grado de fracaso escolar.

Un nivel de desempleo considerable.

La presencia de un importante número de vecinos de etnia gitana, y de una comunidad inmigrante creciente.

La inexistencia o desaparición del pequeño comercio.

Hasta aquí elementos estructurales archiconocidos. Pero existen otros elementos, superestructurales, culturales e ideológicos. Son menos evidentes, los que se nos escapan a la gente corriente y, por ello, más interesantes:

La glorificación del éxito rápido, el culto al dinero. Estos dos elementos contribuyeron en los años ochenta y noventa a la descalificación del modo de resistencia de las clases populares y al derrumbamiento de su capital colectivo (asociacionismo vecinal, militancia política y sindical,?)

La calle ha dejado de ser un territorio de socialización infantil y juvenil. Ha pasado a ser un lugar de tránsito, neutro en el mejor de los casos. También ha perdido su función de canal de participación y reivindicación ciudadana.

El individualismo., que lleva a desresponsabilizarse de lo público y de los demás. Resulta curioso que los revoltosos franceses quemaran las instalaciones públicas de sus barrios y los coches de sus vecinos.

Un modelo urbanístico que persigue que las ciudades sean competitivas en lugar de ser habitables. Paradigma este modelo de crecimiento urbanístico es lo que está ocurriendo en Madrid. A su alcalde, el moderno y dialogante Ruiz Gallardón no se le cae de la boca la expresión ?Madrid es una ciudad competitiva?. Lo cierto es que ciudades tan modernas y competitivas como Londres y Madrid han expulsado a sus habitantes más pobres, generalmente jóvenes sin capacidad económica, a una periferia cada vez más lejana del centro urbano.

Estas características las comparte Orcasitas con los 300 barrios franceses que fueron escenario de la revuelta. Pero también con el Polígono Sur de Sevilla, con Orriols en Valencia, con La Mina en Barcelona, el Puche en Almería,…

Las administraciones, todas y de todos los signos políticos, esperan a que ocurra algo, del estilo de que un inmigrante mate a un nacional, como en el caso de Villaverde (Madrid), para hacer promesas. Promesas la mar de curiosas, que no suelen tener relación con las necesidades y demandas de los vecinos, como la creación de un parque tecnológico en Villaverde (supongo que el suelo es más barato). En el momento en que el suceso desencadenante ya no sea un titular llamativo, cuando la alarma social decae, las promesas se desvanecen. Pero los problemas estructurales, las cuestiones que bloquean las esperanzas y los procesos vitales de los vecinos, sobre todo jóvenes, permanecen.

Luego la escoria se caldea y se pone a quemar coches. Una vez más Francia marca la tendencia social. ¿Sabremos sacar conclusiones?

The following two tabs change content below.

Dos Orillas

Latest posts by Dos Orillas (see all)

You may also like...

Deja un comentario