Órdago natural

Tras diez años de ofensiva del Puerto de Sevilla, y ahora también del Ayuntamiento hispalense, sigue sin haber razones científicas, ecológicas y de sentido común para acometer el dragado del río Guadalquivir. Modificación de la salinidad de las marismas de Doñana, remoción de los contaminantes asentados tras el desastre de las minas de Aznalcóllar, alteración de las orillas del río por los efectos del oleaje de grandes embarcaciones, disminución drástica de la superficie útil para el cultivo de arroz, reducción de la pesca artesanal de especies autóctonas, etc. Decenas de razones para decir no. Evidentemente, hay que tener en cuenta las motivaciones económicas y sociales de los que quieren aprovechar el mercado de grandes cruceros turísticos, pero a estas alturas es inadmisible lanzar un órdago al medio ambiente para conseguirlo. Volvemos a tropezarnos, además con Doñana como telón de fondo, con dos modelos socioeconómicos contrarios: el del impulso económico “a costa” del entorno natural y el de la conservación del medio natural como pilar fundamental.

La actual crisis tiene muchas derivadas funestas, pero en el origen podemos situar un modelo de desarrollo insostenible, basado en el expolio del medio ambiente para un crecimiento económico imparable ¿Cuándo vamos a huir de este despropósito? El neoliberalismo concibe a la naturaleza como un stock de recursos naturales regulables por el mercado. ¿Podremos seguir especulando con nuestro hogar, con el hogar de nuestros hijos? Algo que pudiera parecer evidente en la era del conocimiento y la información, un cambio de enfoque que reconociera el ineludible vínculo entre lo socioeconómico y lo ambiental, y un cambio de postura ética que prime el valor de uso sobre el valor de cambio no se está produciendo, y de ahí nacen propuestas peligrosas (recordemos el enorme esfuerzo ciudadano para echar abajo la idea de oleoducto hasta Badajoz).

Contra la propuesta del dragado han respondido los pueblos afectados de Huelva y Cádiz, además de los grupos ecologista y ambientalistas, incluso se han manifestado (más tímidamente) los gobiernos central y autonómicos. Parece difícil pues que pueda llevarse a cabo, pero esta propuesta desarrollista saca a la luz la falta de un modelo económico que se adapte a las condiciones naturales, y la falta de una estrategia de solidaridad entre provincias aledañas y complementarias, al menos turísticamente. Habrá que madurar de una vez por todas.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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