Oscuro TTIP

¿Ha tenido oportunidad de echarle un vistazo, leer con detenimiento, estudiar, subrayar, copiar, releer con tranquilidad en su casa, mandarle una copia a ese amigo suyo que tanto sabe de economía para que le de su opinión? Pues claro que no. Ni usted ni nuestros representantes púSocialMedia_Facebook_Umwelt_mit_NoTTIP_Header851x315blicos. El que puede ser el Tratado de Libre Comercio más relevante para nuestras vidas se está negociando entre la Unión Europea y los Estados Unidos de América en el mayor de los secretos y a espaldas no sólo de la ciudadanía, sino de sus representantes públicos. Semanas atrás sabíamos que los eurodiputados que quieren conocer el contenido del acuerdo tienen que solicitar una cita, concretar los documentos que desean consultar, acceder a ellos como mucho dos horas sin cámaras, móviles… ni lápices o papel, vigilados muy de cerca y luego no puede hablar de lo que han visto con nadie.

Por fortuna, pese a esas restricciones, algo hemos podido saber del contenido de este acuerdo que defienden altos representantes de las grandes empresas como Felipe González o Aznar: básicamente se trata de un acuerdo que pretende poner por encima (más todavía) los intereses de las corporaciones frente a las regulaciones que los estados “soberanos” puedan hacer sobre determinados temas (por ejemplo: el uso de químicos en determinados productos, la regulación laboral o la gestión de la Salud Pública o la Educación).

Por desgracia, dicen que ya está todo cerrado, que los ciudadanos o aquellos políticos decentes que se están oponiendo a este acuerdo (los de EQUO, Podemos e Izquierda Unida, Bildu…) no podremos hacer nada para pararlo, que un tratado tan relevante para nuestras vidas no será sometido a referéndum ni se tendrá en cuenta, de ninguna otra manera, la opinión de los ciudadanos. Dicen que ya está todo el pescado vendido, que lo único que podremos hacer es esperar a ver cómo se contratará a nuestros hijos en condiciones indignas, cómo se deteriora (más aún) la Sanidad Pública, cómo se pone en manos de fondos buitres bienes tan importantes como el Agua o la Educación… pero yo quisiera creer que aun estamos a tiempo, que se puede parar este acuerdo como se paró el de Bolkestein o aquella indigna Constitución Europea, aunque tengamos que confiar para ello más en los suecos o los holandeses que en esos patrioteros de tertulia que, bajo cuerda, lo que hacen es defender la bandera del dinero.

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Javier Rodríguez

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