Otros onubenses del año

No estaban todos los que eran, pero sí eran todos los que estaban. La gala que enmarcó la entrega de los premios Onubenses del Año resultó un acto cálido y necesario. En el entorno del patio porticado de la Merced se escuchó, a la par de las voces de los homenajeados, el latido de una provincia que desde hace décadas pugna por salir de sí misma, por llegar más lejos, y que precisamente por ello tiene que mirarse en el espejo de vez en cuando. ¿Qué se vio en ese espejo de la gala? Junto al orgullo y la satisfacción por la distinción recibida, en los premiados prevalecía la gratitud porque el reconocimiento llegaba de las propias raíces. Eso de ser profeta en su tierra no deja indiferente a nadie. Hoy es justo y necesario unirse al coro que ensalza los triunfos de Carolina Marín, la oportunidad de las empresas que dinamizan un territorio o los eventos culturales ya consolidados en la provincia. Pero más vital resulta volver los ojos a quienes, desde el anonimato, desde el trabajo cotidiano y tantas veces frustrante, van cimentando los valores que nos permiten reconocernos como personas y como sociedad en marcha.

La distinción como Onubense del Año es un reconocimiento que pretende no solo premiar una trayectoria o un éxito concreto, sino proponer modelos, componer un mosaico de excelencias que sirvan como estímulo y acicate. Afortunadamente, la ya amplia galería de premiados, en estos 26 años, no está formada solo por personajes públicos o entidades muy conocidas. El certamen sirve también para dar visibilidad al esfuerzo a la ilusión de muchas personas que no ocupan habitualmente la portada de los medios: este año, por ejemplo, voluntarias de una asociación de cáncer de mama o profesionales que se vuelcan para sacar lo mejor de los chicos y chicas que practican deporte adaptado. Por un momento el foco se vuelve hacia ellos, pero su labor continuará silenciosa, tan desconocida como indispensable, durante todo el año.

No hablo solo de los premiados. Muchos de esos onubenses imprescindibles no entrarán, probablemente, ni siquiera en la nómina de candidatos de las próximas ediciones. Tampoco lo buscan. Les basta con seguir la estela de su conciencia, con permanecer fieles en el compromiso y la solidaridad. Son más de los que creemos, y en su esfuerzo desapercibido reposa la esperanza de un mañana mejor. A esos otros onubenses, que siempre están pero que no son, es también hora de decirle gracias.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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