Pan y futbol

Ni las manifestaciones por o contra el Polo químico, ni la emoción
rociera ante la Pastora, son comparables a la sacudida social que nos espera
cuando suba el Recre. Yo me he terminado acostumbrando a la machacona omnipresencia del fútbol, y acepto con humor la metamorfosis cotidiana que provoca: ese señor encorbatado, siempre serio, que me han dicho se desgañita en la grada, esa vecina que discute con desparpajo de cronista deportiva las jugadas del último partido, esos amigos que se llaman por teléfono cada vez que el equipo de uno marca un gol, y luego cuelgan… Consiento el fútbol como una ilusión necesaria, pero me cuesta resignarme a que sea el único acontecimiento capaz de movilizar a la gente, a que tenga tanto poder. Ahora, en las competiciones europeas, los equipos españoles arrastran tras sí miles de seguidores, ya jueguen en Italia, Inglaterra o Alemania, y sea el día que sea. ¿Cómo hace tanta gente para no trabajar en mitad de semana y hacerse tantos kilómetros en pos de un delirio colectivo? Miedo da pensar qué ocurrirá si España va más allá de cuartos en el Mundial. ¿Y dicen que habrá gente que se quedará sin ver la Sexta? Sí, hombre. Ya procurará el Gobierno arreglar eso, si no quiere perder las próximas elecciones.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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