Parejas constitucionales

Después de tanto ruído, tanta “maldición”, tanta tinta intentando echar por tierra la reforma que está permitiendo que miles de parejas conformadas por personas del mismo sexo legalicen su situación y puedan vivir en igualdad de condiciones que las parejas heterosexuales, el Tribunal Constitucional avala la reforma. Siete años después, el Tribunal de Garantías avala el matrimonio homosexual. En el momento en el que conocía la noticia una amiga llamaba a su mujer y le decía: “que ya somos constitucionales”.

No sé si hacía falta tanto tiempo para concluir esa obviedad. No sé si el partido actualmente en el gobierno podía haber volcado sus energías en algo más productivo para la sociedad que haber promovido un recurso de inconstitucionalidad cuyo resultado era tan previsible y haber evitado, de camino, que perdiéramos tanto tiempo en un asunto tan claro.

No sé si ahora alguien debiera pedir perdón. No lo espero, claro, aquí lo de pedir perdón no se estila, pero después de tanto insulto, tanto grito y tanto argumento peregrino no estaría de más.

No sé tampoco porqué aquellos que nunca piensan casarse con personas de su mismo sexo ponen tantos impedimentos en que aquellos que lo quieran hacer lo hagan con todas las garantías, obligaciones y derechos que determina la ley.

¿Por qué no pusieron tanto empeño en reformar, denunciar, recurrir al constitucional esa ley que ha llevado al desahucio a tantas familias, esa ley que ahora parece, de pronto, tan injusta a los dos partidos que llevan en el poder 30 años en los que no se les ha ocurrido reformarla? Ya, ya sé que estos dos asuntos no tienen nada que ver, pero es que la diferencia en la que es abordado uno y otro da muestras de cómo algo funciona mal en nuestras instituciones.

Y dicho esto, que nos alegramos, que nos gusta que todas las parejas de gays y lesbianas que se han casado durante todo este tiempo puedan vivir sin preocuparse de que venga alguien a arrebatarles algún derecho o a negarles que lo que están viviendo es verdad. Ya era tiempo.

A partir de ahora que cada uno decida, los neocon de distinto cuño a dejar de preocuparse, a dejar de sentir como amenaza para su heterosexual matrimonio el matrimonio homosexual de sus vecinas o vecinos. Los homosexuales a casarse o a no casarse y todos a normalizar la situación, a preocuparse por la convivencia y dejar de preocuparse por con quién comparte libro de familia con nuestro compañero de trabajo, de estudio o de ascensor, por si el compañero de nuestro hijo tiene dos papás, dos mamás, o una pareja heterosexual.

Seguramente encontraremos más asuntos por los que preocuparnos, pero mientras, alegrémonos de que nuestra sociedad haya consolidado un paso que llevaba a la legislación una realidad que venía de lejos.

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Javier Rodríguez

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