Pásalo

Hace 13 años una cadena de mensajes cortos por móvil se transmitía virálmente convocando frente a las sedes del PP concentraciones ciudadanas de protesta por el sentimiento de engaño que provocaba la versión oficial sobre lo ocurrido en los atentados del día anterior. Desde entonces la tecnología ha mejorado y las posibilidades de que una de estas cadenas de mensajes se propaguen se han ampliado con plataformas de todo tipo que permiten que se trufen con audios, vídeos o fotos que añaden verosimilitud al objeto del mensaje y que lo hacen más atractivo.

Pero de fondo la controversia es la misma: frente a las dudas que generan unos mensajes lanzados por unos dirigentes a los que cada vez cuesta más creer y transmitidos por unos medios que han perdido gran parte de la credibilidad que tenían, surgen campañas, iniciativas o “noticias” transmitidas por nuestro vecino, nuestra cuñada, nuestro compañero de trabajo o cualquier otra persona que nos merece toda la confianza del mundo. Saben de qué estoy hablando, les habrán llegado, igual que a mi, cientos de estos mensajes alertando de peligros de todo tipo, algunos realmente espeluznantes, otros pidiendo adhesiones para campañas contra oligopolios varios, llamando a poner la tele para que no quiten determinados programas (desde el Salvados de Évole hasta la Misa de la 2), llamando a quitarla y a apagar las luces por el planeta o pidiendo nuestra firma contra el impuesto de sucesiones que, según el que mandó el mensaje la primera vez (coincidiendo con la campaña del PP y Ciudadanos en Andalucía contra este impuesto) está “desangrando a las familias andaluzas”, mensajes con un claro tufo xenófobo y otros llamando a la acogida de refugiados…

Sin darnos cuenta nuestro pensamiento se va moldeando a través de estos mensajitos igual que se moldea con la machacona repetición de ciertas noticias (y no otras) en el telediario. Tanto es así que los publicistas y equipos de campaña saben que su éxito se juega también en esa arena y dedican gran parte de sus esfuerzos a promover lo suyo a través de estas “espontáneas y ciudadanas campañas”.

Frente a eso, al final, sólo nos queda lo de siempre, el espíritu crítico: una cierta desconfianza nunca viene mal y nos ayuda a discernir entre el bulo o la mentira y la verdad o la honestidad. Avisados quedan, está en peligro nuestra salud mental, nuestra inteligencia y muchas cosas más. Pásenlo.

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Javier Rodríguez

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