Pasando página

Alfredo Stroessner ha muerto en su exilio brasileño. Durante 35 años llevó con mano de hierro a su país, Paraguay. Bajo su tiranía fueron eliminados entre 3.000 y 4.000 disidentes, empleando la tortura, el secuestro o el asesinato, y toleró el crecimiento de la corrupción, lacra que aún hoy amenaza a la inicipiente democracia paraguaya. Para mantenerse en el poder durante tanto tiempo se convirtió en el brazo ejecutor de los Estado Unidos en esa parte del cono sur. Todo lo que le oliera a subversivo, democrático o progresista (no captaba los matices) lo tildaba de comunista y se encargaba de hacer el trabajo sucio. A pesar de ser conservador, no mantuvo buenas relaciones con la Iglesia, que fue blanco de algunos ataques importantes como la expulsión de sacerdotes por oponerse a tanta injusticia. Uno de esos expulsados, el jesuita Paco Oliva, pasó en Huelva algunos de los 27 años que tuvo que vivir exiliado. Ya lleva diez años sirviendo nuevamente a su patria de opción, y sigue alerta para que no surjan nuevos dictarores.
Stroessner, como todos los tiranos, responderá ahora ante Dios, pero Paraguay ya ha pasado página, que es lo que cuenta.

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