Pasar por pasar

Pasamos por la vida perdidos entre el pasado y el futuro, añorando lo que ya se fue y angustiados ante la incertidumbre de lo que está por venir. Siempre me ha parecido chocante las pólizas que ofrecen las compañías de seguros, entre ellas la de vida, o lo que es lo mismo, pagar una pequeña cantidad por asegurar tu vida, en una especie de promesa de lo que te está por venir. Hacer previsible la vida me genera mucha frustración y es algo que llevamos mamando desde que nacemos, sumergidos como estamos en la bañera de la tradición y la cultura que tanto nos condiciona.

Si el cristianismo se coló en la esencia de nuestra educación, resulta contradictorio que una persona como Jesús, que no se estableció en ningún lugar, que “no tenía donde reclinar la cabeza”, y que no tenía intenciones de crear más preceptos que los del amor, enseguida fue adaptado a la costumbre ligada a la tierra y a la agricultura, de los ciclos de la siembra, el cultivo y la recolección. Desde entonces todas las fiestas se han convertido en una especie de rueda que gira siempre igual y repite los mismos acontecimientos año tras año. Ya saben: Navidad, Cuaresma (Carnaval), Semana Santa, Romerías (Rocío), verano, vuelta al cole… Nos aferramos a esas tradiciones como niños asustados que prefieren repetir lo conocido y previsible, antes de lanzarse a la aventura del no saber, del desaprender, que, como dice la sabiduría oriental, es la mejor manera de llegar al verdadero conocimiento, de dejar de hacer lo mismo de la misma manera. Y es que lo que se repite una y otra vez se acaba tergiversando, perdiendo su esencia y sentido primigenio, se enreda en las formas y va ocultando el fondo. Piense el querido lector en alguna de las costumbres y fiestas que celebramos todos los años y verán lo poco tienen que ver con el mensaje de Jesús, en el caso de las religiosas, o de su origen, en el caso de las paganas.

Si la vida fuera un pasar por pasar no hubiéramos necesitado tener conciencia, ni inteligencia, podríamos ser perfectamente un animal más de la cadena trófica, que nace, crece, busca el alimento, el cobijo, y la perpetuación de la especie. Creo que es mucho desaprovechar si pasamos todos los años por el mismo sitio, si nuestro único aliciente es llegar a viejos y nos quedamos paralizados cuando el presente, el día de hoy, se abre ante nuestros ojos y no sabemos qué hacer con él.

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Victor Rodríguez

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