Pasillo industrial

Aún estaba un poco alucinada con los contrastes. Era el primer año que veraneaba en
Huelva, por recomendación de una amiga: los pisos en la capital resultaban
relativamente económicos, y apenas distaba 20 minutos de las playas. Y allí estaba:
disfrutando de un par de semanas de merecido descanso. Los dos primeros días se fue
para Punta Umbría, una de las playas emblemáticas según las guías: le encanto el paseo
en canoa por aquella ría enrevesada. El tercer día cogió su coche en dirección a
Mazagón, en cuyas cálidas arenas se encontraba ahora tomando el sol. La verdad es que
aquella inmensa playa resultaba de lo más reconfortante. Pero seguía alucinada por los
contrastes: hasta llegar a Mazagón había atravesado un montón de industrias, chimeneas
a pleno rendimiento, y más industrias, y depósitos enormes junto a la carretera, muchos.
Luego, al final del trayecto, unos inmensos pinares, como para dejar en evidencia los
contrastes. Recogió la toalla y la bolsa: tendría que volver a atravesar aquel inmenso
pasillo industrial de vuelta a casa. En fin.

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Gonzalo Revilla

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