Pasos que rescatan la dignidad

Con paso firme y decidido iba delante de mí. No llevaba bandera, ni camiseta con logotipo, ni pancarta, ni nada que le relacionase con algún grupo, movimiento, plataforma o partido. Solo llevaba una bolsita de plástico blanca que ni siquiera tenía publicidad y dentro de ella un pequeño bulto envuelto en papel de aluminio. Su cazadora era vieja, muy vieja, daba la impresión de haber vivido ya muchos inviernos y de tener que durar otros tantos más.

Su paso, su presencia me hablaba de sencillez, de intemperie, de necesidad. Una necesidad que le obligó a salir de su vida pausada y tranquila, para unirse a tantas otras personas en una marcha a pie desde Andalucía hasta el mismo centro de la capital.

El tiempo que fui andando tras sus pasos me sirvió para trascender el momento, hacerle presente en mi cabeza a él y con él a todas las personas que semanas antes, habían decidido ponerse en marcha para reivindicar que la dignidad es lo último que hay que dejarse robar, porque en ella nos va la vida. Y con ese convencimiento cruzaron España, durmiendo en polideportivos, comiendo lo que los vecinos de cada pueblo o ciudad les preparaba, contagiando motivos y actitud de lucha activa por allí por donde iban pasando.

Por eso el pasado 22 de Marzo en el centro de Madrid confluimos más de un millón de personas, pese al vacío informativo que los medios hicieron sobre el tema. Porque ellos con sus propios pasos eran los que denunciaban y anunciaban la lucha social por “pan, trabajo y casa”. Como la propia columna andaluza publicaba en las redes: “Marchamos por nuestras tierras, por nuestras familias, por nuestra libertad. Marchamos. Por la justicia, por la solidaridad y por los derechos para todos… marchamos”. Y por eso en la marcha estuvimos representados todos. Los que no podíamos, los que no sabíamos y los que no queríamos, porque la solidaridad sabe esperar, ser y estar por quienes aún no despertaron.

Pero la lucha sigue, ahora en Sevilla, en Plaza Nueva, lugar hasta donde se han desplazado algunos de los Campamentos Dignidad del país para apoyar a las vecinas de la Corrala Utopía que fueron desahuciadas el pasado domingo de sus casas. Han pasado de ser Corrala a ser Campamento Utopía, convencidas de que de la calle no se mueven hasta que no haya una solución. Y con la misma convicción que en el 22M, marcharon las vecinas hasta la puerta del ayuntamiento de Sevilla rescatando por segunda vez su dignidad de manos de la usura.

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Carmen Murillo

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