Periodismo al revés

Hace años que el periodista Pascual Serrano recopila mensualmente en su web las anécdotas, manipulaciones y curiosidades que va encontrando en los medios de comunicación, principalmente nacionales. La sección se llama “Perlas informativas”, aunque una breve lectura nos persuade de que Serrano debería cambiarle el adjetivo: los casos finamente escogidos contienen de todo, menos información. Un ejemplo, al azar: cierto periódico regional da la noticia de que un ciudadano ha sido absuelto por la Audiencia Nacional de la acusación de pertenencia a banda armada, tras pasar cuatro años en prisión, y el titular correspondiente reza: “Etarra sale de la cárcel de Picassent tras años de condena”. Exactamente igual que si se demostrara que un acusado de violación no ha cometido ese delito, y el medio titulara: “Violador sale de la cárcel…”

Es el periodismo al revés. Cada perla desinformativa se suma a otras muchas manipulaciones y noticias interesadas, a través de incontables mecanismos, que van apuntalando una visión sesgada de la realidad. Mejor dicho: van conformando la visión que interesa al sistema para perpetuarse. Decía el maestro Kapuscinsky que cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de tener importancia. No es que esa verdad no se cuente (aunque a menudo también se esquiva), pero se hace abultando detalles insignificantes, o empequeñeciendo maliciosamente lo que perjudica a los miembros del clan. Los medios tienen fórmulas para dar una apariencia de libertad y pluralidad: como esos debates televisivos tan de moda, que manejan sabiamente los tiempos, las interrupciones, el cinismo de los tertulianos o el modo en que hay que enfatizar unos hechos y pasar de puntillas sobre otros.

La información veraz y la libre circulación de ideas y opiniones están consagradas por la Constitución, exactamente igual que el derecho a la educación o la salud, o la vivienda, o el agua… En carne propia hemos experimentado los estragos que causa la privatización de esos servicios básicos. Y sin embargo, aceptamos con llamativa ingenuidad que sean grupos empresariales en busca de rentabilidad los que manejen la información. Ojo, hay alternativas: medios independientes, cooperativos, sin intereses ocultos en sus consejos de administración, que se atreven a ofrecer un periodismo honesto y valiente aún en plena crisis. Ya no podemos decir que no sabíamos que nos manipulaban. Pero aún podemos elegir.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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