Pero ¿qué austeridad?

La venta de coches está en caída libre. El consumidor lo tiene claro: si se puede esperar se espera para comprar un automóvil. Y al tiempo, han aumentado considerablemente las reparaciones en los talleres mecánicos. Los productos alargan su vida útil como consecuencia de la crisis. Pero lo que los estudios de mercado pronostican es que esta situación no es coyuntural, sino que realmente están cambiando los hábitos de compra. No significa que el día que “termine la crisis” (¿?) no vuelvan a levantarse estas cifras desastrosas para el sector del automóvil, sino más bien que hay un replanteamiento general en la población española sobre su forma de consumir. El ejemplo de los coches sirve para explicarlo: ahora se impone la racionalidad, se desdeñan los caprichos, se buscan fórmulas de ahorro. El consumo desaforado, la ostentación o el lujo, antes síntomas de prestigio social, comienzan a ser rechazados por la opinión pública. Estamos no sólo ante una respuesta lógica en época de carencias, sino ante un cambio de paradigma, como si la sociedad entera se estuviera reseteando.

Frente al derroche, la austeridad: ese parece ser el nuevo lema. Son valores que convergen con lo que muchos economistas, filósofos, sociólogos… señalan como solución para la supervivencia misma de nuestra civilización. Decrecer y repartir los recursos equitativamente es la única opción clara y definitiva para que el planeta no se agote y pueda dar cobijo a las generaciones futuras. El vocabulario puesto en funcionamiento por el aparato de la política y los medios incide en lo mismo: “reducción presupuestaria”, “esfuerzos colectivos”, “recortes” (de todo: de dineros, de servicios, de derechos), “austeridad necesaria…” Cualquiera diría que nuestros políticos y mercaderes han terminado por asumir las pautas del discurso decrecentista. Pero ojo, que no se trata del decrecimiento traumático que estamos viviendo. Hay propuestas de “austeridad” que esconden flagrantes atentados a los derechos sociales conquistados, y que además son contestadas desde la izquierda con llamadas al “crecimiento”, como si estos dos posicionamientos fueran los únicos posibles.

¿Qué ocurrirá cuando termine la crisis? Ay, esa es la pregunta del millón. Pero cada vez es más viable una posibilidad: somos los ciudadanos-consumidores los que debemos decidirlo, asumiendo nuevas motivaciones y también nuevas prácticas cotidianas, las que de verdad valen, las que configuran la micropolítica real. En este sentido tenemos una oportunidad única para darle la vuelta a la austeridad engañosa que nos venden, a la democracia adulterada, al control desde arriba de nuestras propias decisiones. Y caminar hacia formas de vida distintas, más racionales, más ecológicas, más solidarias.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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