Pobreza energética

Mientras la prima de riesgo sigue subiendo, los bancos reciben ayudas europeas de las que es fiador el Estado español, la selección es campeona de Europa, Montoro anuncia la subida del IVA, se reforma a peor la Ley de Dependencia o Rajoy devuelve el códice de las narices, muchas familias españolas deben reducir las duchas a una vez por semana, no poner la calefacción, dar de baja la línea telefónica o reducir el número de lámparas encendidas en casa. Es lo que se denomina pobreza energética: la incapacidad de un hogar para satisfacer una cantidad mínima de servicios de energía que cubra sus necesidades básicas.

Luz, gas, agua, calefacción….las facturas se han convertido en una auténtica pesadilla para muchas familias españolas que sufren la crisis. El paro y la subida de precios del gas y la electricidad han provocado que la pobreza energética se haya instalado cada vez con más fuerza en los hogares de nuestro país. Son los recortes que no aparecen en los medios de comunicación, ni en las grandes cifras macroeconómicas, pero que impiden que muchas personas satisfagan sus necesidades básica y lleven una vida digna.

Un reciente estudio de la Asociación de Ciencias Ambientales pone de manifiesto que durante este 2012 uno de cada tres hogares cuyos miembros están en paro se encuentra en situación de pobreza energética. Cruz Roja ha alertado de que el 43,2% de la población que atiende no puede hacer frente a las facturas de suministros de energía ante la merma o falta de ingresos. La organización se ha visto obligada este invierno a repartir, además de alimentos básicos, estufas de bajo consumo.
Esta nueva forma de pobreza que se está dando en la Europa primermundista, demócrata y culta incide también en la salud, especialmente en los meses más fríos de invierno Así, se relaciona con enfermedades como la neumonía, el asma o la artritis, que afectan especialmente a personas mayores. El estudio de la Asociación de Ciencias Ambientales pone de manifiesto que entre 2.300 y 9.300 muertes prematuras al año en España pueden deberse a la pobreza energética. Son cifras superiores a las víctimas mortales de accidentes de tráfico. Pero eso importa poco, lo realmente importante para nuestros gobernantes es que los especuladores estén contentos, ganen cada vez más gracias a sus jueguecitos de mesa. Que la gente muere o lo pase mal son daños colaterales que el mercado debe asumir para que el sistema neoliberal funcione. ¿Cuántas personas más tienen que sufrir para que ellos estén felices? ¿Hasta cuándo lo vamos a aguantar?

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Dimas Haba

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