Podemos

Podemos acabar con la pobreza. Dicen. Ayer mismo en muchas ciudades del mundo, de forma simultánea, se celebraban manifestaciones para exigir mayor implicación en la lucha contra la pobreza, un mayor compromiso político para lograr los [Objetivos del Milenio->http://www.un.org/spanish/millenniumgoals/]. Esa declaración de la ONU es posibilista, no crean. Quiero decir que no aspira a acabar con el hambre del mundo, sino a reducir los 1.000 millones actuales que forman parte de ese “club” a 420. Y cosas de ese tipo. Objetivos posibles de cara al 2015, alcanzables, y a partir de ahí seguir trabajando por un mundo más justo y más razonable. Pero ni por esas: el mundo rico, el Norte, no está dispuesto a ceder ni un milímetro de bienestar, nada, cero. Porque esa es la cuestión: erradicar la pobreza del mundo significa, inevitablemente, renunciar a nuestro desaforado nivel de crecimiento y consumo. No voy a comparar el gasto en comida para animales de cualquier país europeo con lo que invertimos en cooperación, pero son esas las cuestiones que hay que abordar. Para que el Sur pueda desarrollarse, alimentarse, curar a sus enfermos, educar a sus hijos… no bastan cerosietes, voluntarios internacionales ni fondos de cooperación. Hay que replantear nuestro consumo, nuestro comportamiento ambiental, nuestro intocable bienestar cimentado a costa de otros. Podemos cambiar los desequilibrios existentes, pero hacen falta cambios que tal vez nos afecten demasiados. ¿Estamos dispuestos? De lo contrario nos enfrentamos al exterminio de muchos seres humanos.

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Gonzalo Revilla

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