Poniendo cara

La triste realidad del atentado del aeropuerto de Barajas ha dejado unas víctimas inesperadas; esos dos jóvenes ecuatorianos que dormían en su coche. En el inconsciente colectivo parece que se queda la idea de que, si todas las víctimas del terrorismo son inocentes e injustas, éstas lo son más. La realidad de las gentes de Ecuador dista mucho de los delirios nacionalistas de unos miopes narcisistas, que ponen bombas para tratar de imponer que su pequeño “problema” es el más importante.

Y las autoridades españolas que acompañaron a los cuerpos de los dos fallecidos para ser enterrados en su aldea recibieron de paso la bofetada en la cara más dura de la inmigración. En una remota y humilde aldea se encuentran a una madre ciega y a un hermano epiléctico que sobrevivían con los ahorros que Diego Armando enviaba desde España. Ese es el origen y el fin de los inmigrantes que vienen a España a trabajar.

Poner nombre y cara a un fenómeno en el que muchas veces sólo vemos el colectivo debe ayudarnos a situarnos en el lugar del otro. Dejémonos de conjeturas. En la mayor parte de los países de origen de estos trabajadores no existen oportunidades. Ellos con su esfuerzo consiguen mantener a sus familias y, además, contribuyen a nuestro desarrollo económico y social.

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Victor Rodríguez

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