Porque sí

Recogió los chismes de la arena con calma, hizo salir del agua a los críos y regresó a casa. Había dejado que el sol cayera para no coger mucha caravana, le esperaba una cena ligera, y acostar a los niños antes de que María llegara, cansada de un trabajo que no le gustaba, agotador, mal remunerado, pero actualmente el único sustento familiar, irrenunciable por tanto. Mientras los niños de adormilaban en el asiento trasero dejó bagar los pensamientos: estaba siendo un verano diferente, sin duda, no tanto por los gastos, a fin de cuentas nunca habían veraneado “por encima de sus posibilidades”, pero sí por la intranquilidad, por la ausencia de futuro, de asideros, por esa incómoda sensación de estar andando en la cuerda floja…

No le importaban las frecuentes visitas a la Oficina de Empleo, o los trabajos esporádicos y dispares, o los cursos a los que le obligaban a asistir, para enseñarle a rellenar curriculums y a mantener una “búsqueda activa de empleo”, menudo eufemismo. Podía con todo eso: se había pasado la vida sobreviviendo, y lo seguiría haciendo. Pero había algo en el ambiente demasiado tóxico, un malestar colectivo que iba a más, la sensación de que todo se partiría de un momento a otro. Podía ponerle nombre, era la fractura social que lo políticos tanto temían, y contra la cual se habían confabulado todos los poderes fácticos, lanzando mensajes contradictorios, alimentando los miedos, jugando con los sueños de la gente…

Duchó a los niños, les dio de cenar, los metió en la cama, los besó tiernamente y apagó la luz. Y sus pensamientos. María estaba a punto de llegar y no quería recibirla con la cabeza llena de preocupaciones. La hipoteca, maldita hipoteca, las deudas acumuladas, la ayudas que se iban agotando, todo eso no servía para afrontar el futuro. Estaba convencido de dos cosas: que iban a necesitar mucho aguante y mucha imaginación para seguir adelante; y que tendrían que juntarse, asociarse, inventar mil formas de sinergia social, “inéditos viables”…

Así que puso dos velas en la mesa y los restos de la cena de los niños, añadió una ensalada, un par de copas de vino, música de fondo y espero a que sonara la puerta. Esa noche hablaron de los sueños, del futuro, de lo que querían para sus hijos, de las cosas que tenían pendientes, hablaron en positivo, encontrando agarraderas pequeñas y grandes y recuperaron esa pequeña felicidad doméstica que aporta un horizonte compartido. Saldrían adelante: no sin luchar, claro, no sin recibir nuevos golpes, nuevos recortes, pero saldrían adelante, recuperarían lo que se les estaba robando, serían capaces de alejar a los lobos y de construir un futuro habitable. Por ellos, por los niños que dormían en la habitación, por los hijos de sus hijos, por decencia, por justicia, porque sí…

The following two tabs change content below.

Gonzalo Revilla

Latest posts by Gonzalo Revilla (see all)

You may also like...

Deja un comentario