Primera Línea

Cuando pienso que legislar debería ser confrontar el bien particular con
el bien común y establecer vías de defensa de los ciudadanos y lo comparo
con el secretismo al que se está apuntando el apuntalado gobierno que nos
gobierna, tengo que luchar para no caer en la rabia cotidiana. Una de sus
últimas ocurrencias es el Proyecto de Ley que pretende eliminar la
servidumbre de protección de la costa en sus últimos 80 metros, lo que
acercaría la posibilidad de construcciones a tan sólo 20 metros de la
playa. Adiós dunas, adiós pinares, adiós transición y desahogo. De
aprobarse el Proyecto de Ley, que se aprobará, dará vía libre a los
Ayuntamientos para elaborar planes urbanísticos que terminen de cargarse
lo poquito que queda de litoral.

Esta “idea” además de absurda, cateta, antigua y torpe, generará a no
demasiado largo plazo, un sinfín de problemas que tendrán que ser
soportados con el dinero público, sabiéndose ya, como una verdad
irrefutable, que el calentamiento global va a derretir los polos y elevar
el nivel de los mares. Aquí en Huelva tenemos el ejemplo de Matalascañas,
donde dicen las malas lenguas que los propietarios de casas en primera
fila están deseando vender lo que antaño era todo un lujo, porque ven como
año a año el agua se acerca cada vez más y más, sólo hay que comprobar
cómo está el paseo marítimo para hacerse una idea. Es decir, que dentro de
poco habrá muchas más Torre la Higuera en estado de ruina semiinundada
¿Qué será lo próximo, clonar a Paco Martínez Soria o José Luís López
Vázquez para que cortejen a ingenuas suecas en la Costa del Sol?

Será muy difícil convencer a los asfixiados Ayuntamientos para que no
autoricen más urbanizaciones ni complejos con esa barra libre legislativa
a cambio de las plusvalías de las constructoras y que comprendan que lo
que hoy está buscando el potencial visitante es justamente lo contrario;
playas extensas, poco masificadas, cuidado natural, pueblos que no hayan
perdido su tradición. Y eso contando con que en España hay casi tres
millones y medio de casas vacías, la mayoría en la costa. Lo mires por
donde lo mires es un despropósito. Me da pena por mis hijas, que ya no
recordarán cómo era la Playa de la Bota tal como yo la conocí, porque a
esa playa le tienen muchas ganas desde la época de Hernández Albarracín. O
a los promotores del Algarrobico de Carboneras en Almería, a los que
tendremos que pedirle perdón, porque en realidad no eran especuladores
sino visionarios, ya sabían lo que iba a pasar.

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Victor Rodríguez

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