Príncipe y mendigo

Un día dejo de darle limosna y empezó a darle conversación. Siempre había pensado que los pobres eran personas distintas, como si hubieran nacido para eso. Pero cuando se fue enterando de la historia de Jose alucinó: era tan similar a la suya propia, a la de cualquiera de sus compañeros, amigos o familiares, que se asustó. ¿Dónde está entonces la línea que divide a los pobres de las “gentes de bien”? ¿Cómo evitar cruzar esa línea? Con el tiempo descubrió que era tan sólo una cuestión de suerte, del lugar en el que a cada uno le toque nacer, de las oportunidades que se le pongan por delante, de cosas de ese tipo. Recordó ese cuanto del príncipe y el mendigo: él mismo podría cambiar su vida por la de Jose, y ambos se adaptarían sin problema a su nueva situación. Los pobres (toda esa gente que vive en los márgenes de la sociedad) no lo son por transferencia genética. Sino por injusticia social.

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Gonzalo Revilla

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