Privatización de la estupidez

Si baja el consumo, subimos los precios: en Aguas de Huelva desconocen que una de las primeras reglas de márketing y ventas asegura justamente lo contrario, que bajando las tarifas es como se implementa el consumo. Será porque el agua no es un producto cualquiera, sino un bien básico, y aquí se aplican otros métodos. Será porque importan, siempre y más, los beneficios, no la calidad del servicio público y el bienestar de los ciudadanos. Será porque somos culpables de racionalizar el gasto, o nos duchamos por encima de nuestras posibilidades. Será porque piensan que somos estúpidos.

Detrás de esta última tropelía y de las anteriores subidas de tarifas (cuatro en el último año, alrededor de un 30%) no hay más que la insaciable voracidad de la empresa privada que gestiona el agua de la capital. Esa gestión, antes de titularidad pública y con beneficios, ahora nos cuesta dos millones anuales y, lo que es peor, se traduce en una presión permanente al Gobierno municipal, que baja los brazos derrotado (o los sube en señal de rendición) cada vez que Aquagest reclama una nueva subida.

Por eso indigna más aún escuchar los argumentos que se esgrimen para invocar una nueva privatización, ahora la de EMTUSA. Se dice que es la solución más viable, que se “profesionaliza” la gestión, que los ayuntamientos no pueden asumir el coste. Se oculta que los gastos serán mayores, que bajará la calidad del servicio, que las condiciones laborales serán más precarias y que los ciudadanos saldrán perdiendo, y por supuesto pagando. Si descienden los ingresos, que descenderán (¿quién cogerá el autobús, si cuesta más caro y tarda más?), habrá excusas para que el transporte municipal pase a manos privadas y alguien haga caja a nuestra costa. Esto tan de moda de las sociedades mixtas es sólo un paso intermedio que, la verdad, podrían ahorrarse. Al menos serían más honestos y los onubenses no nos sentiríamos tan engañados.

El Ayuntamiento no es el único que alienta esta venta soterrada de lo público. Sólo en Educación, por ejemplo, la Junta casi ha triplicado la privatización servicios en los últimos años: comenzó con las contratas de limpieza, siguió con las de cocinas y comedores y ahora va ya por la privatización del apoyo al alumnado con necesidades educativas especiales, intérpretes de Lengua de Signos o personal administrativo. En época de crisis la privatización es una salida cómoda para salvar los muebles, pero nunca una solución eficiente y mucho menos beneficiosa para la sociedad. No es sólo cuestión de ideología, sino de sentido común. Ellos, los que deberían ser servidores de lo público, lo saben, pero se comportan como si los ciudadanos fuésemos estúpidos. A ver si privatizan de una vez la estupidez y así se la quedan unos pocos.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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2 Responses

  1. el_erizo@ono.com' Maolico dice:

    Y creo que con eso está todo dicho. Sólo haría un matiz: ¿no hay algunos estúpidos entre los ciudadanos … al enfrentarse a las urnas?

    • mangeles@dosorillas.org' Mª Ángeles Pastor dice:

      Pues efectivamente, entre los ciudadanos también hay bastante estupidez flotando, sobre todo entre aquellos que podrían tener la capacidad crítica para cambiar y provocar cambios, y prefieren taparse los ojos y dejar que sigan decidiendo por ellos. Por supuesto que la estupidez de unos se apoya en la de los otros. Por eso no nos podemos callar con ninguno. Ah, y me alegro de que te haya gustado el artículo!

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