Producir, producir

Imagina cualquier cosa que necesites o que te apetezca. Lo que sea: unas zapatillas de deporte, una piscina, un yate, ropa, una bici, un libro… seguro que hay alguna en desuso, en un almacén, en un trastero. Y al revés: piensa cuantos chismes tienes que no usas hace años, objetos condenados a la inutilidad. Lo de la ropa sea quizás lo más llamativo de esta cultura acumulativa: los armarios rebosan, literalmente, y las organizaciones humanitarias se convierten en un aliviadero de todo ese absurdo excedente (y de la conciencia también). Toneladas y toneladas de ropa que apenas fue usada, pero que la moda aparca. Producimos muy por encima de nuestras necesidades, incluso de nuestros caprichos. Eso a costa de nuestro medio ambiente, de nuestros recursos naturales. Derrochamos lo que mañana necesitaremos. Pero nadie parece dispuesto a frenar esta maquinaria: producir más, siempre, cada día. Y el ciudadano, cada uno de nosotros, termina siendo tan sólo una víctima de esta locura productiva: compramos ropa que no usaremos, alimentos que no comeremos, libros que no leeremos. Etcétera.

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Gonzalo Revilla

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