¿PYMES?

Hay gente que no se rinde. Por más que nos quieran rendidos. La crisis era la excusa perfecta para ningunear más aún a los trabajadores, para recortarles derechos sin un quejido. Aún así hay gente que no se rinde, que decide que su dignidad de trabajadores es intocable, y que el Mercado no puede convertirse en un régimen totalitario, por encima de la soberanía de los pueblos y los ciudadanos. Esta crisis es mucho más de lo que podemos ver: es una batalla, entre el Mercado y los ciudadanos, entre el neoliberalismo más salvaje y la dignidad de las personas en particular, y del planeta en general. Y en esa batalla las pequeñas trifulcas son decisivas.

Ahora hablemos de otra cosa. O no. Una empresa, destinada a cerrar, a doblegarse a las grandes cadenas de distribución, a las grandes superficies y sus rodillos, una empresa dejada de lado por sus dueños, por más mimo que le pusieran sus empleados, una empresa sin futuro. Pero empeñada en tenerlo: la planta textil de Escode, una sociedad cooperativa de largo recorrido en Huelva, vinculada sobre todo a la industria. Sus trabajadores han decidido reabrirla, esta vez como Sociedad Laboral, confiando en que su experiencia, y la confianza de sus clientes les pueda brindar una oportunidad de continuar trabajando en un sector al que han estado vinculados desde siempre.

Volviendo al tema del liberalismo y sus manías: nos son tiempos fáciles para la pequeña y mediana empresa. Como en todo, priman los grandes capitales, las grandes firmas que controlan toda la cadena: producción, distribución y venta. Es el comercio que hemos construído: barato, rápido, autoservicio, grandes superficies alrededor de nuestras ciudades; hemos apostado por todo eso con nuestra forma de consumir, y ahora ese comercio se nos vuelve en contra, porque nuestros hijos trabajan de cajeros por sueldos recortadísimos y con contratos aún más recortados, y nos gustaría que las cosas fueran de otra forma, pero nos parece, al mismo tiempo, que ya es demasiado tarde para todo.

O no. Porque sigue habiendo gente que resiste, gente con iniciativa -emprendedores, les llaman ahora- que quieren seguir haciendo lo que les gusta. Como esta pequeña familia de Prelar Textil, empeñados en sacar adelante un sueño, apostándolo todo a una carta, aparcando los miedos y reivindicando su dignidad de trabajadores y trabajadoras del comercio, y haciendo un guiño a la esperanza de que no todo ha de ser monocromo, uniforme… La pregunta que nos están haciendo con su gesto es si quedará un hueco, aunque sea mínimo, para la pequeña y mediana empresa en esta sociedad. Nada menos.

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Gonzalo Revilla

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