¡Qué pocas luces!

Probablemente, este artículo podría haberlo leído, con algún matiz diferente, años atrás en esta columna. Pero si lo suscribe, no decaiga, seguiremos pidiendo que las “luces” pueblen el interior de nuestras cabezas, y no absurdamente nuestras calles. Llevo días buscando alguna ciudad, algún pueblo, que cambie la excesiva iluminación navideña por este luminoso: nosotros tenemos las luces dentro; pasamos de fastidiar más nuestro ecosistema. Por desgracia, mi ciudad no va a ser la que enarbole ese lema, más bien, se va a “embellecer” con unas 300.000 bombillas, para que todos podamos añadir nuestro granito de arena al Cambio Climático; una bonita Navidad para regalar más lluvia ácida, más residuos nucleares y más CO2 a todo el planeta. Así, el consistorio sigue ajeno al debate medioambiental abierto, olvidándose de lo urgente de cambiar de política energética y de encontrar nuevas maneras para nuevos retos. Pero repito, no decaigamos, somos ya muchos los que hemos tomado postura, los que creemos en un futuro sostenible sumándonos al “apagón” energético. Las luces de dentro nos llenan de razones para seguir protestando.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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