¿Qué recuperación?

Según el informe sobre empleo presentado por Comisiones Obreras hace un par de semanas, el 98% de los contratos son temporales y el 55 por ciento de la población onubense asalariada cobra menos del Salario Mínimo Interprofesional, lo que indica que tener un trabajo hoy no es sinónimo de poder vivir dignamente.

No se sabe en qué categoría de la “recuperación” están esos trabajadores de los que se habla en el Informe. Quizás en la de personal cualificado que solo puede acceder a puestos muy precarios; o tal vez en la de jóvenes, que algún día dejarán de serlo pero cuya situación laboral no llegará nunca a ser “adulta” en el contrato y el salario; pudiera tratarse depersonas con varios trabajos que no ganan el sueldo mínimo, porque llegar a “mileurista” queda cada vez más lejos. Lo que sí es seguro es que todos esos empleos de mierda han servido para que el gobierno alardee de la mayor caída del paro de la Historia, unas 650.000 personas que han encontrado trabajo y que ahora engrosan las cifras boyantes de la macroeconomía, que a su vez se nutre de sueldos y contratos miserables.

Muchas horas de curro y un salario de risa: esa es, en lenguaje corriente, la definición de un empleo de mierda. Aunque quizás podamos ampliarla un poco más. Un empleo de mierda es el trabajo invisible y no remunerado que antes cubrían los servicios públicos y ahora queda en manos de las familias: cuidados a la infancia, a personas mayores… Un empleo de mierda es el de los que quisieran ser becarios y no lo son, el de los universitarios en prácticas que echan horas por un tubo y ni siquiera cobran. Un empleo de mierda es el que suma a su contrato indigno muchas horas de faena en negro y no logra llegar a fin de mes, porque se puede ser trabajador y pobre. Un empleo de mierda es el que dentro de unos años dará lugar a pensiones de mierda y ya ha hecho que las cotizaciones sociales marquen un mínimo histórico…

Bienvenido sea el debate si sirve para visibilizar una situación injusta, para que quienes la sufren pierdan el miedo y las inspecciones de trabajo hagan su labor. Y también para que no se hable de “recuperación”, por Dios. No se trata de que algunos recuperen lo que nunca perdieron, sino de que la mayoría, al menos, no pierda su dignidad.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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