Que se les oiga

Así es como funciona: para evitar que las personas pobres (ahora se dice “en riesgo de exclusión”) estorben, delincan o reclamen más allá de lo admisible, el Estado delega en entidades que a su vez se encargan de buscar resquicios para amortiguar la precariedad en la que viven. De arriba abajo, como siempre. En el Encuentro que hoy se celebra en Islantilla, ilustres consejeros del Gobierno andaluz verán la cara y escucharán la voz de esos “nadie” sin intermediarios. No se sabe si eso sirve para algo, ni se entiende mucho que para hablar de la falta de vivienda se lleve a 150 personas a un hotel de lujo, y luego se les devuelva a la calle o a los barrios marginales. Pero no habrá sido en vano si sirve para que los responsables de crear políticas de inclusión le pongan, por una vez, rostro y nombre a la pobreza. Aunque no lo parezca, los pobres tienen derechos. Ojalá hayan hablado alto y fuerte

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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