¡Que viene el coco!

Hace menos de un mes escribí [aquí mismo->990] de los miedos. Decía que se iban metiendo en cada rincón de nuestra vida. Lo que no podía imaginar era que se colarían incluso en nuestra pasta de dientes: ese objeto aparentemente inocuo resulta ser un sospechoso más. Increíble. El miedo es una rentabilísima construcción social: sobre ella se afianzan los grandes negocios: Fondos de Pensiones, Seguridad Privada y Ejércitos, Armas, Biosalud…Da miedo el miedo que nos meten, da miedo comprobar como se utiliza políticamente el miedo, y hasta qué punto ese discurso está calando (ha calado ya) en la ciudadanía. Si tan importante es, si tanto se invierte en esta construcción social del miedo, entonces es importante neutralizarla. Porque lo que nos jugamos, sobre todo, es nuestra libertad: la de poder viajar aquí y allá sin ser cacheados, la de afrontar nuestro futuro y el de los nuestros sin angustias, la de pasear por nuestras calles, la de comer, incluso la de lavarnos los dientes. Más: hoy informaban los medios de destinos turísticos “poco recomendables” por peligrosos: Colombia, Haití, Somalia. Arabia Saudí, India. Pero no nos dicen, por ejemplo, a cuántos de esos países les vendemos armamento. Interesa que temamos, no que sepamos. Somo maleables asustados, no informados. No sé ustedes, pero yo tengo miedo. De tener miedos dictados. A decir verdad, el “coco” de nuestra infancia no apareció nunca.

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Gonzalo Revilla

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