¡Que viva Zapata!

Los mismos que hace unos meses defendían la libertad de expresión como un derecho inalienable -y, más bien, como forma de atacar al Islam- ante los atentados al semanario satírico Charlie Hedbo han logrado que el concejal de cultura de Madrid dimitiera de su cargo a escasas horas de su nombramiento por una conversación tuiteada sobre los límites del humor en la que reproducía chistes en los que se hacía mofa de hechos tan graves como el holocausto nazi, los atentados terroristas de ETA o la muerte de Marta del Castillo.

Los niveles de hipocresía han sido extremos, toda vez que los que se rasgaban las vestiduras por chistes reproducidos hace cuatro años en el contexto descrito jalean continuamente desvaríos racistas de ministros, concejales y cargos de todo tipo de sus partidos y justifican sin sonrojo las redadas racistas de la policía denunciadas por muchísimas estancias o las devoluciones en caliente que se producen en la valla de Melilla y de Ceuta.

Pero ese no es el tema. Esa es la lógica del “y tú más” a la que estamos acostumbrados y ese, realmente, es el debate del que la ciudadanía debíamos huir. Los nuevos concejales deben estar sometidos al escrutinio público, al examen constante sobre su gestión de lo público -como, con más sentido común que el demostrado por tantos tertulianos y opinadores, dijo el propio padre de Marta del Castillo tras recibir la llamada de Guillermo Zapata pidiendo disculpas por el chiste en el que se refería a su hija- y es esa la oportunidad que nos han quitado al no dejar demostrar al ex-concejal de Cultura del ayuntamiento de Madrid su capacidad para gestionar ese ámbito de lo público.

Los que no quieren que nada cambie, los que quieren mantener sus privilegios y que estos perro-flautas no les estropeen el negocio, los que han robado hasta la saciedad, los que han descafeinado la democracia… van a intentar por todos los medios lograr sus objetivos y no van a escatimar medios para ello. Se les ha desalojado de algunos ayuntamientos pero mantienen un poder tremendo en algunos medios de comunicación, en el poder judicial… y no dudemos que usaran toda esa artillería para intentar evitar que las cosas cambien. El caso de Zapata ha sido sólo un ejemplo. Pero vendrán más y la ciudadanía debe seguir firme en ese camino que pretende acercarnos a la democracia real, a la dignidad, al pan, techo y trabajo que se viene pidiendo en las calles.

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Javier Rodríguez

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