Queremos un referéndum

 

El verdadero problema es que la deuda que hemos contraído los países periféricos de Europa es ilegítima. Con esa deuda se acudió al rescate de entidades financieras como Bankia que habían sido saqueadas por sus gestores (recuerden las tarjetas black) o se salvó la liquidez de muchas otras que se han dedicado a desahuciar a familias de sus casas. Otras veces, los prestamos suscritos por nuestros países han terminado en manos de saqueadores corruptos a través de ERES irregulares, tramas corruptas como la Gurtel o la Púnica o como quieran llamarlas. O han servido para refinanciar una deuda cuyas condiciones hacían muy difícil su devolución.

En todo caso no es una deuda que suscribiera o beneficiara a la ciudadanía: no se pagó con eso el Sistema Educativo, la Sanidad, las pensiones o los Servicios Sociales. Ni siquiera se invirtió con esas “inyecciones” de dinero en infraestructuras o en I+D que hicieran más competitiva nuestra economía. Muy al contrario: los gobernantes que firmaron las condiciones de esos préstamos suscribieron cláusulas que obligaban a hacer duros recortes en esas partidas y que nunca plantearon cuestiones como la lucha contra el fraude fiscal, la progresividad en los impuestos (que pague más quien más tiene y menos quien menos tiene) o el recorte en partidas menos necesarias o incluso superfluas (como la compra de un armamento que, afortunadamente, nunca se llega a usar o los estipendios para altos cargos de la administración).

A ello hay que sumarle la paradoja de que el esfuerzo por ir pagando no implica la reducción de la deuda, todo lo contrario.

Y los acreedores de la deuda no sólo saben de todo esto, es que han sido sus instigadores, por lo que presentarse ahora como víctimas inocentes de la “irresponsabilidad” de los deudores es lo mismo que si el depredador acusa al cervatillo de haber caído en una emboscada.

Este tipo de deudas es considerada técnicamente como “odiosa”, una deuda ilegítima que no debe ser pagada por el deudor ni puede ser reclamada por el acreedor.

Por eso debemos pedir a nuestro ministro de asuntos monetarios que se atreva a imitar a su homólogo griego y diga a la troika que nosotros tampoco pagamos esa deuda, que tenemos cosas más importantes que hacer con el dinero que se recauda con los impuestos. Y si también le aprietan, que nos convoque en referéndum, también queremos ser preguntados sobre lo de la deuda.

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Javier Rodríguez

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