¿Quien defiende al pueblo?

La salida de Chamizo como Defensor del Pueblo estaba cantada. Diecisiete años son muchos años, y en algún momento tenía que dejarlo, aunque a él no le hiciera gracia. Ha durado porque durante ese tiempo cumplió con mucha dignidad una labor institucional difícil, y lo ha hecho además logrando que “el pueblo”, ese concepto tan abstracto que justificaba su cargo, pasara a convertirse en rostros concretos, en los problemas, en las voces de todos los andaluces.

Otro asunto es la forma de decirle adiós: ni la elegancia de comunicárselo antes, ni una delicadeza personal… Más bien la frialdad airada de quien tiene la sartén por el mango y no aguanta una bronca. Chamizo se lo ha buscado: ha sido una presencia incómoda, un pepito grillo de la clase política, o mejor, de sus actuaciones, pues aquí también se ha tomado en serio el sacerdote gaditano lo de “por sus hechos los conoceréis”. Sus severos juicios sobre las “peleítas” de nuestros representantes, sus críticas al impacto de los recortes en la población más vulnerable, justo cuando el aparato de la Junta se empeña en vender lo contrario… no eran fáciles de digerir. Y la excusa de la longevidad en el cargo estaba muy a mano. Aquí en Huelva ya tenemos experiencia de lo fácil que resulta quitar de en medio a un Defensor.

No se trata de presentarlo ahora como una víctima: hizo lo que tenía que hacer, ni más ni menos. El Defensor del Pueblo es bisagra entre la administración y los ciudadanos, y sin dejar de ser institución, su papel es escuchar, mirar y favorecer a la gente. Por eso Chamizo lleva razón cuando asegura que él no ha sido la voz del pueblo, pero si ha dicho lo que el pueblo dice. Y lo que dice el pueblo –sobre todo en estos momentos- escuece bastante. También lo que hace: se organiza, busca alternativas de espaldas a la clase política, y algún día, de puntillas, se alzará por encima de la mediocridad de sus gobernantes. Ese día, el ciudadano Chamizo se alegrará también, y sabrá de qué lado está.

Ha dejado el listón muy alto y de alguna forma ha determinado el perfil de su sustituto, una persona también ajena al mundo de la política, de sólida formación, comprometido socialmente y con raíces cristianas en ese compromiso. Los disparos verbales de Chamizo el miércoles han apresurado la elección de Jesús Maeztu. Ojalá, él sí, sepa estar a la altura, porque necesitamos más que nunca alguien que nos defienda.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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