Quieren callarnos

No quisiera darle más publicidad a esas medidas con las que el gobierno pretende disuadirnos a los que estamos en contra del “austericidio” de expresar nuestra protesta en la calle, a los que no nos gustan sus mentiras de gritarlo con los medios a nuestro alcance, a los que preferiríamos que el pago de la deuda odiosa no se priorizara a la inversión en hospitales, universidades, pensiones o políticas de empleo de hacer escuchar nuestra opinión, pero la escalada es alarmante: sin que todavía se hayan aprobado las reformas del Código Penal y la Ley de Protección de Seguridad Ciudadana que pretenden endurecer el castigo a la disidencia, el número de sanciones y detenciones a manifestantes se ha visto incrementado exponencialmente: se restringe el derecho de reunión, se prohíben manifestaciones, se sanciona con multas a organizadores y participantes en concentraciones y manifestaciones de protesta, se usa la fuerza con una inaudita frecuencia y rigor por parte de los cuerpos policiales en estos actos, se ataca a periodistas que cubren las manifestaciones y se fomenta la impunidad de los agentes que abusan de su poder permitiendo que no vayan identificados o prescindiendo de investigaciones sobre momentos en los que ha habido un presunto uso excesivo de la fuerza.

Todo ello ha sido denunciado por Amnistía Internacional en un duro informe titulado, precisamente, “España: el Derecho a Protestar, amenazado” sin embargo no quisiera yo darle más publicidad a todo eso. Ciertamente pueden acabar con el derecho a protestar, lo que no pueden es terminar con la necesidad del pueblo de hacerlo: un pueblo que ve cómo cada vez es más pobre, que se le condena a la ignorancia, que se le niega hasta la salud no tiene más remedio que protestar y si no puede hacerlo de una manera lo hará de otra.

Las mentiras, la manipulación mediática, las restricciones al derecho de manifestación o de huelga nunca podrán pasar por encima de esa necesidad. La protesta será más organizada o menos organizada, más violenta o más pacífica, más “estética” o más indecorosa, más útil o más inútil, pero siempre estará ahí mientras haya hechos tan graves como las que está habiendo.

Nos gustaría más que el gobierno se preocupase de lo que provoca la protesta que de la protesta en sí pero eso, intuimos, está lejos de las intenciones de unos personajes empeñados en defender, sólo, los intereses de los poderosos.

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Javier Rodríguez

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