Recursos imitados

De repente todo el mundo se ha dado cuenta que los recursos son limitados. Es una de esas obviedades que durante años fueron eliminadas del intelecto colectivo para evitar molestias, pero que ahora ha explotado como la leitmotiv de todo discurso público; la perogrullada igual sirve de estratagema para sancionar inmigrantes robándoles la atención sanitaria que para redefinir acuerdos pesqueros. Este nuevo enredo discursivo que usa la expresión ambigua “recursos limitados” excluye poner en el centro del diseño de las políticas que nos saquen de la crisis la limitación de “recursos naturales”, y no la falta de liquidez. Es otro recurso imitado para hablar de todo sin decir nada, una nueva expropiación de las razones de aquellos que denuncian la inviabilidad del sistema actual con el objeto de que todo siga igual.

La actualidad onubense está empapada de la idea “recursos limitados” como pretexto o fuente de diversos conflictos, y es fundamental separar el grano de la paja para eliminar imitaciones. Se arguye como pretexto en el conflicto de Emtusa, o en los recortes sanitarios y educativos; ante este tipo de problemas sería mejor hablar de defectos de gestión que de limitación. En cambio, sí está en el origen de los conflictos del boquerón o de los regadíos en El Condado y Doñana, por ejemplo, pero no se centra la discusión en la limitación de recursos naturales sino en cuestiones económicas y de mercado, lo que impedirá su solución. La imbricación entre recursos naturales y prosperidad económica se hace cada vez más patente, indisoluble.

Quienes han estado denunciando durante años que el sistema de consumo occidental es insostenible y está en el centro de la actual crisis, y que la mayoría de la población mundial no puede disponer ni siquiera de los recursos que hoy consideramos indispensables para una vida digna, se sienten defraudados con las soluciones planteadas. Soluciones que oscilan entre las políticas de recortes sociales generalizados de la mayoría de gobiernos conservadores, sin entrar a valorar la relación entre consumo, naturaleza y equidad, y la idea de crecimiento económico urgente preconizado por el pensamiento más progresista. Ambas posturas utilizan la limitación de recursos como elemento discursivo, pero ni hablan de recursos naturales ni ofrecen un futuro sostenible y socialmente igualitario como meta. Ningún país, ninguna región, ningún sector productivo está dispuesto a renunciar o cambiar sus hábitos y planes de desarrollo en aras del cuidado del medio ambiente. ¿Qué hacemos entonces? ¿Volvemos a imitar los recursos ya fracasados? ¿No servirá la crisis para nada bueno?

La concomitancia entre sobre explotación, miseria extendida y discursos políticos y sociales vacíos sólo nos llevará al desastre. Ya es hora de dejar de imitar para empezar a innovar.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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1 Response

  1. Juan (IDHC)) dice:

    Hay que dejar de reformar, hay que dejar de imitar (como dices en tu escrito), hay que mirar al futuro con los ojos de quien quiere ensayar aquello que intuimos es una nueva humanidad. Ojalá aparezcan hombres y mujeres valientes capaces de no tener miedo a cambiarse el piso.

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