Refugiados

Huyen de sus países asediados por la policía, por las guerras, por los dictadores, por los fanáticos… Buscan una nueva vida lejos de su familia, lejos de sus costumbres, lejos de su infancia, del miedo. Llegan asustados, heridos, deprimidos, acostumbrados a oir pisadas a sus espaldas, mirando siempre hacia atrás, con la costumbre de ser perseguidos. Son refugiados, asilados que se decía antes. Para ello la emigración no es una forma de ganarse la vida, no es una ilusión de un trabajo mejor, de unos ingresos por mínimos que sean, que les permitan a ellos y a su familia vivir diganmente. La emigración es exilio, obligación, necesidad para seguir existiendo, emigrar es librarse de la tortura, de la cárcel, del fusilamiento, de la represión, de la muerte. Y cada vez es más difícil encontrar países en los que refugiarse. En España, el año pasado sólo se concedieron poco más de trescientas solicitudes de asilo político. Y uno piensa en los distintos conflictos mundiales y siente vergüenza de la poca memoria histórica. España no sólo fue un país de emigrantes, también fue un país de exiliados. Nuestros abuelos recibieron asilo en distintos países y allí pudieron rehacer su vida, olvidar el miedo, sentir la libertad. Sería justo que ahora devolviéramos lo recibido.

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Dimas Haba

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