Remordimientos

Que alguien se pique contigo en una carretera, te persiga durante cincuenta kilómetros y te apuñale hasta matarte en el primer semáforo donde parar, es el ejercicio de violencia más absurda, ridícula y cruel que puede hacer una persona. Pero lo que más preocupa, aparte de algo así pueda haber ocurrido en Huelva, es la absoluta falta de remordimientos y de implicación de una sociedad que permite que estas cosas pasen. El detenido alegará defensa propia, enajenación mental o cualquier otra eximente y clamará por su defensa, porque raras veces vemos al agresor admitir la culpa, con el dolor y sufrimiento que esa culpa ha generado. Todo penado debería hacer esa reflexión, para bucear en las causas del daño e intentar reconocerlo. Por aquí hay gente que cree que eso es posible, porque lo otro sería tan triste como reconocer que cualquiera de nosotros podemos matar o que nos maten y nadie se pondrá en el lugar.

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Victor Rodríguez

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