Renacimiento

Llegó el Domingo de Resurrección, un buen momento para renacer. Durante nuestra
concepción, gestación y nacimiento fuimos guiados por ese plan ancestral
en el que la vida se basa para abrirse camino, todo estaba predispuesto
para llegar a buen fin. Una vez en este mundo, nuestros padres nos
recogieron y nos dieron lo mejor que creían para nosotros, muchas veces
con las herramientas heredadas a su vez de sus padres, como pudieron, lo
mejor que supieron, desde la buena voluntad. Y así el niño se empapa de su
cultura, de su idioma, religión y tradiciones, poniéndose enfrente de
ellas y decidiendo si las sigue, las confronta o las repudia. Si bien,
cualquier paso que se dé, ya sea en esa dirección o en la contraria,
estará irremediablemente influido por aquello que le impregnó desde su
nacimiento. Aquí comienza nuestra vida propia, la que cada uno se va
creando, según su propia experiencia.

Durante ese camino se irán acercando personas que puede que sean muy
importantes durante un tiempo y luego queden relegadas, por otras que les
sustituirán. Habrá prioridades muy intensas, especialmente durante la
adolescencia, que con los años serán vistas desde el cariñoso relativismo
que da la perspectiva de la madurez. Tomaremos decisiones que nos irán
llevando de aquí a allá, nos arrepentiremos de muchas y las otras, las
verdaderamente importantes, las tomaremos dejando la lógica a un lado,
desde el corazón.

Y llegará un momento en el que sólo nos pesará lo no realizado, las veces
que dejamos pasar la oportunidad de revolcarnos con la vida, manchándonos,
comprometiéndonos, renunciando a la comodidad de lo conocido,
lamentándonos de no haber tomado más partido o incurrido en más riesgos. Y
sobre todo nos pesará no haber dicho más veces “te quiero”, no haber
besado ni acariciado más a quien quisimos y nos quisieron. Pondremos la
balanza y todo eso que otros llaman éxito pesará infinitamente menos que
el amor que hayamos sido capaces de percibir e irradiar. Dios nos juzgará
sobre ese amor, de nada más, es la única cuenta de resultados con un alto
interés a largo plazo. Hoy es un buen día para darnos cuenta de todo esto,
el tiempo pasa, una Semana Santa más, una Semana Santa menos. Un buen día
para renacer a nuestra verdadera naturaleza y desprendernos de todo lo que
nos ocupa, que nos distrae, y volcarnos en lo que de verdad importa.
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Victor Rodríguez

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