Renuncias

Decía Rousseau, sobre cuya obra se asienta nuestra democracia, que para que una sociedad funcionara era preciso que ningún hombre fuera tan rico que pudiera comprar a otro, y que ningún hombre fuera tan pobre que se viera en la necesidad de venderse.

He leído en la página web del país una noticia sobre las condiciones laborales de las personas que trabajan en la fabricación de los iPhone y de los iPad: 73 céntimos a la hora como salario, librando uno de cada 13 días, viviendo en dormitorios comunales hacinados… La noticia completa se puede leer en la página web de [El País->http://www.elpais.com/articulo/tecnologia/ONG/acusan/empresa/china/abastecedora/Apple/explotacion/laboral/elpeputec/20110501elpeputec_1/Tes]

Leyendo alguna novela de Dickens, como “Tiempos modernos”, o “Germinal” de Zola, se da uno cuenta de que lo que padecían los obreros europeos del siglo XIX, lo padecen ahora los trabajadores chinos.

Y africanos. Porque las materias primas minerales con las que se fabrican esos aparatos proceden de África.

En el contexto de los recortes sociales y laborales en el mundo desarrollado, y de la explotación impúdica del ser humano en el resto del mundo, la cuestión social ya no es una mera cuestión de “estómago”, de salarios y vacaciones. Es una cuestión de derechos humanos y de calidad democrática. Cuando se dan situaciones como esta, ya no es competencia exclusiva de los sindicatos, es cosa que atañe a todos, porque los derechos humanos y la democracia es cosa de todos.

El planeta y la sociedad son sistemas cerrados. El mundo puede verse como un juego de suma cero, donde las pérdidas de unos son las ganancias de otros. Sistemas, si se quiere ver de otra manera, donde el cambio en uno de los componentes afecta al resto de los componentes y al sistema en su totalidad. No nos creamos que las injusticias como esta de China, por lejana, no nos atañe y nos afecta.

Hoy alguien al que aprecio, me preguntaba qué se puede hacer para que el mundo se ajuste al plan de Dios, y me echaba en cara mi paciencia en esto. Yo no sé mucho y, ciertamente, no soy una persona muy práctica. Tengo una vaga idea de que hay que recuperar el potencial de lo cercano, de las relaciones humanas, de la comunidad. Y de la renuncia. De renunciar a muchas cosas: a un iPod y a un iPhone, por ejemplo.

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Dos Orillas

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