Repartir alimentos

Me llaman la atención las críticas que ha recibido la resolución por la que se establecen “los requisitos y obligaciones que deben cumplir las organizaciones que se encarguen de hacer llegar los alimentos de forma gratuita a las personas más desfavorecidas”. Y me llaman la atención porque ese decreto es, básicamente, copia de los que se ocupaban del asunto en años anteriores. ¿Cómo se explica que ahora y no antes haya personas que critiquen que la orden obliga a determinar la situación de pobreza económica mediante “informe de los servicios sociales públicos o de trabajadores sociales o profesionales de las organizaciones participantes en el programa”? No sabría decirlo, pero me gusta: ponemos, por fin, la mirada en los pobres y nos planteamos que, pese a su situación de carencia, de vulnerabilidad, de exclusión… son sujetos de derechos y que no se merecen que los humillemos cuando les prestamos ayuda, no se merece que los marquemos, que no protejamos su intimidad, que se les someta a procesos inquisitoriales en los que tienen que demostrar el más mínimo detalle de su condición de pobreza.

Ahora que mucha “clase media” se ve humillada por este tipo de decretos, al haber bajado un peldaño en su situación económica, nos damos cuenta de este tipo de medidas que, lo crean o no, ya se venían aplicando. Les aseguro que ese programa venía siendo así desde hace muchos años y les podría citar alguna organización que se negaba a participar en él no sólo por lo que vengo diciendo sino por los propios requisitos que se ponían a la organización gestora de los alimentos.

Ya que hemos destapado la cuestión podríamos plantearnos si el trato que se da a las personas que acuden a los comedores sociales es digno o degradante, podríamos preguntarnos como se siente una persona que está haciendo cola para recoger una bolsa de comida en plena calle, cómo se siente una persona ante las preguntas y reproches de la trabajadora social, el voluntario o el educador que le está gestionando una ayuda. Podríamos preguntarnos adonde van las “listas de pobres” que hacen tantas entidades. Podemos plantearnos porqué hay tantas “ayudas” que tratan a la persona que las recibe como inútiles y tan pocas que activen sus posibilidades. Ya que no lo hicimos antes, está bien que estas cuestiones salgan ahora a la palestra. Algo bueno tendría que traer la generalización de las situaciones de pobreza.

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Javier Rodríguez

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