Rescoldos de ira

Ahora que las brasas siguen humeando, y que los esqueletos calcinados de miles de vehículos se apilan en las calles francesas, es tiempo de pensar y sacar conclusiones que trasciendan la política provinciana o los tópicos inspirados por el miedo o la inseguridad.
Ahora que las brasas siguen humeando, y que los esqueletos calcinados de miles de vehículos se apilan en las calles francesas, es tiempo de pensar y sacar conclusiones que trasciendan la política provinciana o los tópicos inspirados por el miedo o la inseguridad.

No ha sido casualidad – todos los expertos parecen coincidir en lo mismo-, era previsible pero ha sorprendido la extensión tan fulminante. Sesudos sociólogos y avezados comentaristas o tertulianos de salón se rasgan las vestiduras de derecha a izquierda y viceversa. No ha sido casualidad, pero tampoco quieren mirar el fondo del estanque donde se cuecen las insatisfacciones y los fracasos de las sociedades occidentales del primer mundo. ¿Cómo puede haber tanta rabia contenida?.
Ahora llega el tiempo de los que quieren pescar en el desasosiego y el temor; llega la hora de los demagogos que se cargan de su razón, para imponer las soluciones fáciles de la fuerza y el poder. No nos engañemos, lo que ha tardado tanto en dar la cara no puede solucionarse en un minuto. Hay que cambiar el rumbo, y tendrá su coste, social y político, pero no dejemos que nos sumerjan en el pesimismo y la desesperanza. Otro mundo es posible, incluso para Europa.

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Dos Orillas

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