“Reunidos en nombre del Señor”

El Arzobispado de Madrid decidía la semana pasada cerrar La Parroquia San Carlos Borromeo (Entrevías), que se ha destacado en las últimas décadas por su compromiso social con los más excluidos

La Asamblea de la Parroquia ha emitido un comunicado en el que dice:

“La decisión tomada por el Arzobispado de Madrid de cerrar nuestra parroquia nos hace pensar que la entreverada esperanza de que el Papa actual diese signos de apertura y confirmase el caminar renovador de una iglesia posconciliar, se ha ido desvaneciendo. Ahí están las
recientes alarmas teológicas de Roma contra Jon Sobrino y otras que se están produciendo en diversas partes de la Iglesia. Nuestra parroquia, (conocida como parroquia de los marginados) presidida por los curas Javier Baeza, Enrique de Castro, y Pepe Díaz , y constituida por una
pléyade de personas muy diversas, es testigo de cómo han entrado en ella y encontrado condiciones para llamarla su casa, casa que les ha permitido hacer amistad y comunidad con otros, buscar y reafirmar el sentido de la vida y compaginar sus afanes y luchas humanas con la fe en Jesús de Nazaret. Algo, pues, más que un lugar de rutina para cumplir preceptiva y ordenadamente unos rituales religiosos (…)”

“Entendemos y, por eso, lo denunciamos, que la autoridad eclesiástica, representada por el cardenal de Madrid, ha actuado de modo arbitrario e ilícito.
1. Tal actuación demuestra que dicha autoridad ha juzgado y manifestado sin fundamento, que la comunidad parroquial de San Carlos Borromeo celebra la Eucaristía en disconformidad con el espíritu y exigencias de la verdadera liturgia católica.
2. El procedimiento seguido hasta adoptar esta decisión, demuestra todo un talante distante, desconfiado, autoritario, que no se ha movido a impulsos de lo exigido por un trato y diálogo de igualdad fraternal. La autoridad desconoce el ritmo real de nuestra comunidad, no la ha escuchado ni respetado, y más que un servicio de apoyo,
felicitación y aliento ha expresado un comportamiento de incomprensión, reproches y prepotencia hacia los sacerdotes y miembros de toda la comunidad. Una decisión de ese tipo no es aprobable ni evangélicamente, ni teológicamente, ni éticamente, ni jurídicamente.
3. Es inadmisible la valoración dual que se ha hecho, a distancia y sin conocimiento de causa, de que en lo social la comunidad es admirable y en lo litúrgico y catequético un desastre. Ese dualismo no existe en la comunidad sino en la mente de quien tal piensa y ordena . En la comunidad parroquial el anuncio del Evangelio es esencial y sirve para iluminar, guiar y formar los comportamientos de la comunidad. Su vivir no está separado de su fe, de una fe en el seguimiento de Jesús, norma fundamental de todo el
quehacer cristiano.

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