Reverdecer

Huelva le debe mucho a su industria. Y la industria le debe mucho a Huelva. La balanza para decidir quién debe más sería compleja. Pero ahora es más importante mirar hacia delante: antes nadie cuestionaba el precio ambiental que habíamos de pagar a las industrias. Hoy las cosas no son tan así, y en nuestra ciudad ha ido creciendo cierta conciencia ecológica, aún embrionaria. Nos preocupan cosas como las balsas de fosfoyeso, a unos metros de la ciudad; la calidad del aire, de los ríos que nos bañan; el urbanismo salvaje; la protección de bosques y playas frente al ladrillo… Hay ya movimientos ecologistas con peso específico, con respaldo social. Huelva, de alguna manera, reverdece. El reto es conseguir que se vayan estableciendo los equilibrios necesarios sin levantar demasiados muros: sin separar a los ciudadanos, sin convertir la ciudad en una peli de buenos y malos, sin provocar heridas que luego nunca cicatrizan. Siempre habrá tipos oscuros a los que no les gusta que los ciudadanos se inmiscuyan, porque sus intereses están íntimamente ligados a las intrigas, y estas no gustan de espectadores. Pero en general, la mayoría de la gente quiere una ciudad limpia, sostenible, con aire respirable y ríos para bañarse, con las chimeneas alejadas de los núcleos habitados. Y, sobre todo, la gente quiere ir caminando hacia esa ciudad sin rupturas, sin tensiones excesivas, sin estridencias, sin enfrentamientos gratuitos. Huelva reverdece, eso no tiene vuelta atrás. Pero nos jugamos mucho en la manera en que lo hagamos.

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Gonzalo Revilla

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