Rindan cuentas

Deben pensar que el asunto no nos importa mucho, o que, inmovilizados por el miedo y el desencanto, los onubenses renunciaremos a cualquier ejercicio crítico de ciudadanía. Lo digo a propósito del presupuesto municipal recién aprobado, en el que a la vez que se presume de un superávit de más de 30 millones en las cuentas del año pasado, se admite un endeudamiento que duplica los ingresos de este año. Y para hacer frente a este dislate no aportan mucho las previsiones agoreras de la oposición, que advierte de más recortes y subidas fiscales. Aunque eso sea verdad, lo que importa verdaderamente es lo que podamos hacer los ciudadanos.

Quizás la acción con más trascendencia tenga que esperar a las elecciones municipales pero, mientras llegan, existen otras posibilidades. La primera que se me ocurre es la demanda incesante de transparencia en la gestión pública. Nos cantará otro gallo el día en que nuestros representantes se convenzan de que el acceso a la información por parte de los ciudadanos y la claridad en las cuentas no son una pérdida de poder, sino la prueba de un buen funcionamiento democrático, una práctica real de soberanía. Precisamente la semana que viene se celebran en nuestra universidad unas Jornadas sobre “Gobierno Abierto”, un concepto en boga que remite a la importancia del acceso a los datos públicos y la rendición de cuentas por parte de quienes asumen temporalmente la gestión de gobierno.

Otro asunto es a quién debemos dinero los onubenses. Por supuesto, los principales acreedores de la deuda del Ayuntamiento son los bancos, a quien, no lo olvidemos, ya hemos pagado los contribuyentes una buena cantidad para financiar sus pérdidas, y ese rescate debería revertir en forma de condonación de deuda pública. Eso es lo que plantean las plataformas que reclaman una auditoría ciudadana de la deuda, cada vez más extendidas por toda España y cuya existencia tiene, desde luego, mucho más sentido en el ámbito local. La cosa tiene su lógica: si no debemos esa cantidad, ¿por qué tenemos que pagarla?

Se trata, en definitiva, de entender que ya se acabaron los tiempos de la ocultación y la suciedad bajo la alfombra, y de moverse en otras claves ciudadanas, de implicación y participación. Que rindan cuentas, pero que también se rindan a la evidencia: no pueden seguir contando con nuestro silencio o nuestra indiferencia, porque eso nos convierte en cómplices. Y nadie quiere ser cómplice de un desastre.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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