Romero

Lo que más admiro de las personas es la capacidad de cambiar, sobre todo si ya tienen cierta edad, y una posición, prestigio y seguridad relevante y reconocida. Lo más fácil es simplemente dejarse llevar, por pereza, por miedo o por la convicción de que poco novedoso pueden aportar ya. Monseñor Romero, cuyo aniversario celebramos, cambió y nos cambió, supo abrir de par en par las ventanas de su vida, para comprender lo que estaba pasando a su alrededor, en un país como El Salvador desangrado por la injusticia, la guerra y el abuso de terratenientes. El acto le costó la vida, pero abrió una esperanza concreta, una especie de manual, de lo que se debe hacer para sentirse coherente, encarnado y feliz, desposeyéndose hasta el final. Muchos aquí quisiéramos seguir su ejemplo, aunque nos falte el valor. Han pasado los años, pero el mundo y la Huelva de hoy también necesitan abrir las ventanas.

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Victor Rodríguez

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