Ropa limpia

Una de las flamantes tiendas del nuevo centro comercial de Huelva vende ropa a buen precio, pero no la fabrica de forma muy “limpia”. Se trata de una multinacional sueca de nombre escueto, que tenía deslocalizada su producción en Asia para ahorrar costes salariales, como tantas otras empresas textiles. Acaba de saberse que trasladará el 80% de esa producción a Etiopía, pues los 300 euros mensuales que paga a sus trabajadores chinos deben resultarle un sueldo excesivo. Desde luego, mucho más que los 45 euros que pagarán a partir de ahora en Addis Abeba, teniendo además muchas menos obligaciones legales y derechos laborales que respetar. Desgraciadamente, pensarán ustedes, esta realidad inherente al capitalismo de nuestros días queda demasiado lejos, y no podemos hacer nada por evitarlo.

El caso es que aquí en España ya hay mucha gente que cobra salarios de 400 ó 500 euros: a medida que el desempleo se agravaba los trabajadores han ido aceptando sueldos más bajos. Y el caso es también que el aumento de nuestras exportaciones suscita un aplauso generalizado, pues es uno de los indicadores, según el gobierno, de que estamos saliendo de la crisis. También lo es de la “chinización” de la economía española. Dentro de poco a las multinacionales ya no les compensará llevarse sus fábricas al otro lado del mundo, pues podrán producir sin demasiados costes ni trabas jurídicas aquí en España. Así que esa realidad ya no nos queda tan lejos. Parte de la producción podrá aún ser destinada al mercado interior, asegurado por la tremenda desigualdad social que va en aumento. Será bastante cínico escuchar entonces el eslógan de la campaña navideña de esa multinacional: “tenemos regalos, comodidad, alegría, todo lo que tú, tu familia y amigos podéis desear…”

Esa es la otra parte del asunto. Si nos diéramos cuenta del poder que tenemos como consumidores y ciudadanos sería posible transformar muchas cosas. No comprar en determinados sitios y mirar el lugar de fabricación de las prendas que aparece en las etiquetas es una buena práctica. Puede que gastando el mismo dinero, aunque compremos menos ropa (¿realmente necesitamos todo lo que hay en nuestro armario?) aseguremos puestos de trabajo y condiciones laborales dignas. Las decisiones individuales que desencadenan iniciativas colectivas tienen un tremendo poder de cambio. Al menos podremos conseguir que la ropa que vestimos esté limpia por dentro y por fuera.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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