Rostock

Él sólo es un parado normal y corriente. Y Rostock está muy lejos. Intuye que todo eso que pasa tiene que ver con él, que los tipos que allí se reúnen toman decisiones que afectan a la vida de la gente normal y corriente como él. No entiende mucho de política, ni de Cumbres y Contracumbres, pero sabe a ciencia cierta que su sitio estaría por delante de las inmensas barricadas que levantan, por delante de los miles de policías que defienden a los [{{8 supermandatarios de los 8 superpaíses.}}->http://es.wikipedia.org/wiki/G-8] Él sólo es un ciudadano de medio pelo que difícilmente llega a final de mes; y ellos toman decisiones de macroeconomía, de geoestrategia. Sabe que la distancia que lo separa de esos señores que se reúnen en Rostock es inmensa, y que esos [{{manifestantes de la Contracumbre}}->http://www.elciudadano.cl/2007/06/02/post-7/] sólo son pequeñas termitas frente a un edificio de metal. Pero sabe también, intuye, que esos tipos no tienen derecho a estar tan alto, que no tienen derecho a tomar esas superdecisiones en contra de los ciudadanos a los que representan, que sus razones son las razones del capitalismo salvaje, que sus intereses no coinciden nunca con los intereses de la gente normal y corriente. Deja el periódico a un lado y apura el último buche de cerveza, ya caliente. Rostock está muy lejos. O muy cerca, según se mire. Se los imagina jugando al Monopoli, vendiendo y comprando empresas y países, contando su dinero de mentira. Qué mundo.

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Gonzalo Revilla

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