SAS: admiración y enfado

ENTRE la admiración y el enfado miro hoy a la sanidad pública andaluza. Y puestas ambas cosas en la balanza -la admiración y el enfado- sale como resultado la urgencia de gritar que cuidemos lo que tenemos con mucho más celo, y de exigir a todos que dejen de negociar con nuestra sanidad pública, menos escamoteo de inversión e información.

Huelva está a la cola de todas las provincias de España en inversión y prestaciones sanitarias y, también, tiene los índices de mortalidad infantil y adulta mayores de España; quizás sea sólo casualidad, claro, pero enfada. Somos los últimos de los últimos, y eso en Andalucía, que es la Comunidad que menos invierte en sanidad por ciudadano (1.004,32 euros de media frente a los 1.581.09 euros del País Vasco). Somos los que menos médicos y enfermeras tenemos por habitante, los que menos dotación de camas y tecnología tenemos, los que más kilómetros para operarse deben hacer algunos vecinos… Una radiografía heladora de la que no tenemos ninguna explicación, ninguna causa, ningún diagnóstico público, sólo patadas hacia adelante y propuestas poco claras como la de la fusión hospitalaria que, por cierto, está en los tribunales. De ahí el enfado.

Y en medio del enojo, el milagro. He comprobado cómo nuestro sistema sanitario es capaz de empeñar decenas de profesionales y de miles de euros para salvar la vida de un niño prematuro, una criatura de apenas 700 gramos que necesita de toda la maquinaria sanitaria para que pueda tener una oportunidad para vivir. Esta inversión en muchos países con sistemas sanitarios más liberales supondría la ruina para cualquier familia, pero aquí nuestras costuras permiten un milagro colectivo impresionante. Ahí el asombro, comprobar cómo a pesar del maltrato recibido tras 8 años de políticas de “guadaña y apriete”, podemos disfrutar y participar en dar vida a conciudadanos indefensos.

Y ahí la mejor manera de quejarnos. Transparencia, equidad, mejor gestión, abandonar los recortes, tratar a los profesionales con dignidad, no usar los recursos como si fueran objetos de usar y tirar, etc., pero sobre todo, y antes que nada, tomar conciencia y asombrarse con lo que ya nos ha sido dado. Defendamos lo público, lo de todos, lo que realmente hace milagros.hospital infanta elena (2)

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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