Se nos fue Manolo Ceballos

manolo ceballosCuando aquel hijo de ferroviario de un pueblo de la Baja Extremadura perdió la vista los suyos creyeron que todo estaba perdido para el pequeño, pero aquel niño se empeñó en llevarles la contraria: aprendió a disfrutar de la poesía sentado en el regazo de José Quintero, se mostró ávido de aprender ante las lecciones que le daba el maestro y empezó a odiar aquella dictadura en el ambiente obrero de la, por entonces, bulliciosa estación de Fregenal, porque odiaba todo aquello que sembraba discordia, injusticia y miedo. Pero también aprendió a disfrutar de los matices de los sonidos, del “gazpacho” de las cigüeñas, del silbar de los trenes, el bullicio de la gente, la música, la radio y el teatro (y de los matices de los olores y los sabores, ¡cómo disfrutaba comiendo!).

Marchó a Sevilla donde no sólo completó su formación y se hizo sevillista, también se enamoró de la voz y la sensibilidad de Angelita. Con ella se casó y con ella marchó a Huelva a vivir y a formar una bella familia.

Pero no le bastó con superar sus dificultades personales; su sensibilidad, el encuentro con los curas obreros de la Parroquia de San Pablo, con los “cursillistas” y el ambiente que se estaba generando en los años 60 y 70 le animaron a luchar contra la dictadura e implicarse en política. Lo que le llevó a ser concejal en la primera legislatura de la democracia. Aquello le desencantó: no soportaba ni la hipocresía ni los enfrentamientos entre gente que, se suponía, “luchaban por lo mismo”. Pero la puerta giratoria que él atravesó cuando abandonó la política no fue la de ningún consejo de administración ni un puesto institucional. La puerta que atravesó le llevó a seguir comprometiéndose contra las injusticias, en la ONCE, en la Asociación Pro-Derechos Humanos, de la que fue delegado en Huelva por unos años, en la Asociación de Vecinos Nuevo Higueral…

Yo lo encontré en esas, haciendo equipo con un viejo grupo de amigos que seguían comprometidos por un mundo mejor pese a que lo que se esperaba de ellos es que disfrutaran de su jubilación.

Ya no nos podrá acompañar, ya no nos llamará para pedirnos que hagamos algo ante algún drama o a felicitarnos por nuestro santo, ya no nos guiará por las calles. Nos ha dejado solos con su recuerdo, pero también con su legado. Ahora nos toca seguir denunciando lo que está mal, seguir disfrutando de lo que está bien. Intentaremos no defraudarte, Manolo.

The following two tabs change content below.

Javier Rodríguez

Latest posts by Javier Rodríguez (see all)

You may also like...

Deja un comentario