Se Nos Olvidó Protestar

De repente las gallinas se convirtieron en lobos y no supimos qué hacer. Éste podría ser el epitafio de muchas organizaciones sociales españolas en esta década. Asociaciones, fundaciones, sindicatos y ONG que mueren o agonizan de la mano de una crisis económica y de derechos sociales que, paradójicamente, más que hundirlos debiera espolearlos. En los años 90 cristalizó un modelo de colaboración público-privada en la que muchas organizaciones voluntarias se convirtieron en los valedores de las políticas sociales, fundamentalmente en materia de lucha contra la exclusión social, ayudando claramente a instaurar el Estado del Bienestar que hemos disfrutado recientemente. Pero la mayoría, nacidas desde la rebeldía y la denuncia, se atascaron sólo en la prestación de servicios y el impulso de valores solidarios, olvidando la reivindicación de derechos y la representación de los intereses de los más vulnerables.

Se nos olvidó protestar, probablemente a la mayoría de la ciudadanía. Pero es imperdonable en la acción voluntaria organizada, dormida en la quimera de lo suficiente e ignorando vivir de la discrepancia y la rebeldía. Y ahora, todavía adormecida, lamiéndose las heridas y esperando que vuelva a “fluir el crédito” como hacen los políticos mediocres, incapaces de plantar cara a una jerarquía que dejó de dar migajas a quienes hablaban, superficialmente, de justicia social. Se nos olvidó protestar y ahora el hambre, el desahucio, el paro y la pobreza nos insultan a la cara sin saber muy bien qué hacer.

¡Pero hay que reverdecer! Estamos obligados todos los que nos sentimos cerca de cualquier grupo organizado de acción social a incorporar una gran carga de radicalidad. Otro escenario ha llegado y otra respuesta, urgente, es necesaria. Hay que correr a encontrarse para ganar músculo y aliento, huyendo de la atomización y los personalismos, agarrados a la prioridad de frenar de una vez por todas la sangría de derechos. Hay que apostar de manera inequívoca por aquellas prácticas sociales y económicas propias de un mundo nuevo: propiedad colectiva, comercio justo, banca ética, estructuras económicas legales o paralegales cooperativas. Hay que aprender de ese movimiento social contemporáneo con carácter revolucionario, el 15M. Pero sobre todo, hay que recordar, hay que reinventar, el cómo protestar.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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