Se tira mucha

No sólo cuando dejamos los grifos abiertos por la pereza de no cerrarlos, no sólo cuando esperamos que llegue caliente a la ducha, no sólo cuando lavamos el coche, no sólo cuando usamos mal la cisterna, no sólo cuando preferimos un baño a una ducha, no sólo cuando los niños se ponen a jugar a la hora de lavarse las manos, … No sólo se tira mucha agua en esos pequeños actos a los que todos tenemos acceso y que son en los que las autoridades insisten a la hora de montar campañas que “palien los efectos de la sequía”. Tambien, sobre todo, se desperdicia mucha agua en procesos industriales y sistemas de riego agrícola obsoletos, en instalaciones de recreo de la aristocracia, en roturas y fugas de las conducciones de agua. La paradoja es que estos casos están en manos de los que luego pretenden machacar nuestra conciencia, haciendonos creer que la carestía es cosa nuestra, que está provocada, en exclusiva, por nuestras imprudencias. Es cierto que España es uno de los países mediterraneos que más agua consume y que se debe impulsar una cultura del ahorro propia de regiones secas, pero comiencen nuestros gobiernantes por aplicarse el cuento, invirtiendo, pero también impulsando un desarrollo consecuente con la necesidad de ahorro de agua, que no es el de los campos de golf. Si no, regar las macetas con el agua de cocer las verduras se convertirá en un acto ridículo.

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Javier Rodríguez

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