SEFARAD

El Gobierno portugués ha anunciado que dará la nacionalidad a los
sefarditas descendientes de los judíos expulsados de la Península Ibérica
a principios del siglo XVI. Esta noticia puede parecer anacrónica para
quien no conoce la historia de Sefarad. Los descendientes de judíos
ibéricos son mucho más que hijos de quien sufrió una de las tantas
injusticias y decisiones funestas vividas por el pueblo español a lo largo
de su historia. Ellos han mantenido la lengua judeo-española, de hecho
Radio Exterior de España emite todas las semanas un programa, en esa
maravillosa forma de expresar el castellano de hace siglos, para dicha
comunidad que habita en Oriente Próximo y el Mediterráneo, y todos se han
seguido sintiendo españoles, conservando incluso de generación en
generación, la llave de la que era su casa del pueblo toledano o zamorano
donde vivieron hasta la triste expulsión.

Con su salida España ganó mucho en intolerancia y extremismo religioso y
perdió mucho más, porque se le fue gran parte de la ciencia y la cultura,
del talento, de eso tan de moda hoy del emprendimiento y de gente muy
capaz para lo negocios y el comercio. Perdió la posibilidad para siempre
de descubrir el acercamiento a Dios desde la poliédrica visión que dan
otras sensibilidades y espiritualidades, en definitiva, perdió a su
burguesía, su “clase media” de la época, quedándose atrasada por los
siglos de los siglos. Muchos de los expulsados terminaron en Amberes,
Bruselas, Sarajevo y otras muchas ciudades europeas, vinculados a negocios
de metales preciosos, exportaciones, con las indias y cualquier empresa
que generara prosperidad. España se quedó incompleta desde entonces.

No sé si la idea portuguesa será una forma interesada en tiempos de
crisis, de atraer el talento y la capacidad económica de un pueblo que
siempre fue adelantado. Me da igual, sea como fuere a mí me encantaría
poder ver por la calles de Niebla, por ejemplo, a esos “otros espanyoles”,
que han demostrado a lo largo de más de quinientos años querer y anhelar
más esta tierra que sus propios habitantes actuales. Ya toca que España
encuentre el lugar que le negó a sus hijos, no sólo judíos, también
moriscos, y más recientemente, exiliados de la dictadura, emigrados
económicos, y todos aquellos que tuvieron que encontrar fuera lo que aquí
se le negó. Compatriotas sefarditas, bienvenidos a esta vuestra casa, que
siempre lo fue.

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Victor Rodríguez

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1 Response

  1. kjpff@yahoo.es' Kim Pérez dice:

    Puedo firmar palabra por palabra ese escrito. Perdimos nuestra clase media, la que abrió al mundo a nuestra sencilla sociedad castellana de pastores, desde la conquista de Toledo (1085). nuestra inteligencia libre, nuestro humanismo naciente… aunque no del todo, porque muchos nos quedamos, quienes hoy nos llamamos Beni Anusim, los hijos de los forzados. Así se escribió la Celestina, quizá el Quijote, la obra de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, Gómez Pereira fue un precursor de Descartes… hasta llegar a la cuidadosa custodia de una antigua oración judía, por mi tatarabuelo Don Ildefonso Pérez, hasta 1855…

    En España hay que distinguir la actitud de los Gobiernos desde principios del siglo XX y la de la sociedad. Los Gobiernos en general han sido conscientes de la Historia y han dado muchos pasos en esa dirección, entre los que ya se ha dado el de reconocer a los sefardíes la nacionalidad española, seguido ahora por Portugal… En la sociedad española se está juntando el antiguo antijudaísmo de derechas (frenético por ejemplo en Quevedo) y el moderno antisionismo de izquierdas… con lo que resulta fácil aborrecer a los judíos, por un lado y otro… ¿Sería posible distinguir unas consideraciones y otras?

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