Seguimos a “todo tren”

LA crisis, la corrupción, los ayuntamientos empeñados hasta las orejas, los servicios públicos recortados, el insoportable déficit, etc., son, en general, consecuencias de una desastrosa gestión económica de lo público. Y aunque debiera ser al contrario seguimos asistiendo a acciones de despilfarro absurdas que tienen poco sentido en los tiempos que corren. Un claro ejemplo lo tenemos con el tren, ¿sabe usted cuánto va a invertir Renfe en comprar 15 trenes AVE este año? Pues 1.400 millones de euros. Cada tren costará 94 millones de euros, más del doble de lo que costó en 2004. Este ejemplo, que se esconde entre titulares de corrupción, reuniones vacías de políticos y partidazos de fútbol, es una muestra clara de que hemos aprendido muy poco.

renfe
Un reciente estudio de la Fundación de Estudios Aplicados nos recuerda que los gobiernos españoles han invertido ya más de 40.000 millones de euros en corredores AVE y tienen previsto otros 12.000 en los próximos años, y nos resume en este ejemplo tan claro en quién recae el costo: una familia con dos hijos habrá tenido que pagar una media de 4.500 euros en impuestos para costear el lanzamiento de las líneas de alta velocidad. El mismo estudio aporta una conclusión alarmante: la línea más rentable de todas, el AVE Madrid-Barcelona, ni siquiera terminará recuperando a lo largo de los próximos 50 años el 50% de la inversión.

La duda ante estos datos es saber por qué seguimos gastando pasta a “todo tren”. Se hacen nuestros estrategas públicos la pregunta ¿esta inversión es rentable económica y socialmente, o sólo priman oscuros intereses particulares? Si observamos quiénes ganan con estos contratos descomunales veremos claramente dónde está el centro de interés: grandes empresas constructoras, las multinacionales de los transportes y un colectivo de usuarios habituales de alto poder adquisitivo. El resto, el inmenso resto, pagamos la factura.

Las obras faraónicas no son rentables, nunca lo han sido, es una manera de hacer política que beneficia a unos cuantos y que deja entrever un populismo sin rumbo cierto. Nuestra historia reciente está llena de agujeros por donde se han esfumado decenas de millones de euros, necesarios para haber generado riqueza allí donde realmente hacía falta. Ya está bien, llegó la hora de bajarse del tren de la ignominia, llegó la hora de la honradez y de la eficiencia. Hay dinero, mucho, pero lo malgastamos.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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